Eduardo Barge: «El gran debate es cuál es el paciente urgente»

Barge dirige desde el 2010 una investigación capital sobre trasplantes que acaba de ser ampliada

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A Coruña / la voz

Existe un debate científico abierto sobre las condiciones que debe reunir un paciente en espera de trasplante cardíaco para ser considerado urgencia 0. Es el que tiene prioridad absoluta. Normalmente ha sufrido una crisis aguda que comprometió su vida y obligó a implantarle un dispositivo mecánico diseñado para durar no mucho más de cuatro semanas que sustituye la función del corazón. En ese tiempo deberá ser trasplantado. Esperará en la uci a que aparezca un órgano en cualquier lugar de España (él será el primer destinatario) y, de acuerdo con los resultados de la investigación que dirigió el cardiólogo del Chuac Eduardo Barge entre el 2010 y el 2015, en 7,6 días (el récord del mundo) recibirá el nuevo corazón y un año más tarde la supervivencia será del 74 %. Sin trasplante, el 100 % moriría. Con todo, existe un reparo: los otros enfermos.

-Utilizamos la mitad de los órganos para estos pacientes críticos y los que están en casa esperando seis meses, con medicación pero sin necesidad de aparato para sobrevivir, acaban de últimos en la lista. ¿Y cuál es el problema? Que muchos acaban deteriorándose y entran en la lista de urgentes, con lo cual es la pescadilla que se muerde la cola. Por eso es tan importante el trabajo.

-¿Por qué?

-Porque validas si la estrategia da buen resultado o no. Priorizamos a los críticos y la mortalidad es del 25 %. Son los que más se benefician del órgano, porque sin él morirían; además, se van para casa y viven muchos años y muy bien. Pero si los comparas con los que vienen de casa la mortalidad es mayor, porque en los estables no llega al 10 %. Es la mitad.

-Pero los críticos no pueden esperar.

-Hay un grandísimo debate sobre qué pacientes deben priorizarse, dónde ponemos el corte, quiénes son urgentes. Por eso hicimos el trabajo. De hecho, los resultados del 2010-2015 se han utilizado en el 2017 como argumento para modificar los criterios de distribución de órganos a nivel nacional. Los criterios de urgencia 0 se restringieron muchísimo. Es una decisión muy dura, pero hay pacientes a los que no debería hacérsele un trasplante.

-¿Para no perder el órgano?

-Si utilizas un corazón mal, y entiéndase el término, en un paciente con riesgo excesivo, estás condicionando que otro estable acabe crítico y con un pronóstico peor que cuando estaba en casa esperando. En España hay 300 trasplantes al año, en el Chuac hacemos 25 o 30. Igual necesitaríamos más del doble para todos los candidatos. Si tuviésemos disponibilidad absoluta de órganos podríamos, pero como no es así, hay que tener claro que con los pacientes que trasplantamos debemos tener buenos resultados.

-¿Cómo se rompe el círculo?

-Con más donantes. Tenemos 40 por millón, el récord absoluto, los países desarrollados están en 25, pero el donante cardíaco es particular y no crece, porque no puede ser muy mayor. A partir de 65 años el uso del órgano es controvertido.

-¿Entonces?

-Hay más vías. Nos encontramos con que cada vez hay mayor discordancia entre la probabilidad de ser trasplantado de un paciente que cae en un situación crítica (el 80 % llega al trasplante) y de uno de la lista electiva, que está solo con medicación (baja al 50 %). Entonces, una opción es restringir los urgentes. Se ha hecho. Se trasplantaban pacientes con demasiado riesgo. ¿Y cómo se valora el riesgo? La segunda publicación del estudio se centró en analizar un marcador biológico, el lactato, que se utiliza de rutina, pero nunca se había descrito como marcador pronóstico de trasplante. Vimos que cuando está alto, el pronóstico es muy malo, y cuando está bajo es aceptable.

-Entonces ahora cuando está alto no trasplantan...

-O esperamos a que se corrija. La cuestión es que estos estudios ayudan mucho a buscar predictores que nos permitan anticipar qué pacientes con dispositivos de corta curación van a ir bien con un trasplante y qué pacientes deben ser excluidos de la lista. El problema es que hablamos de pacientes muy jóvenes y excluirlos significa que el 90 % va a morir. Y es muy difícil tomar esa decisión. Por eso es importante tener criterios objetivos.

-¿Hay más opciones?

-Sí, los dispositivos de larga duración, una bomba implantada dentro del corazón conectada a un ordenador. Se indican como última terapia para pacientes mayores de 72 años, que no se pueden trasplantar, o con enfermedades que hacen que el riesgo sea prohibitivo. Pero puede implantarse a personas en espera, si empeoran, para que sigan en casa mientras no se trasplantan, seis meses, un año, sin tener que ir a la vía urgente de la uci, la ventilación mecánica, etcétera. De hecho, hay enfermos que se encuentran tan bien que luego no quieren trasplantarse. En España se utilizan poco, empezamos en el 2014. Son muy caros, aunque en Galicia no hay restricciones, y tienen complicaciones por trombos, ictus e infecciones. Pero están muy avalados y es una vía que hay que explorar seguro.

-Bueno, hable de su estudio.

-Nos centramos en evaluar los resultados de los trasplantes urgentes y de los dispositivos de corta duración que se implantan a los pacientes críticos, de todo el sistema, en realidad. El estudio merece la pena, colaboran equipos de 16 hospitales españoles, y con la financiación que nos acaban de dar hasta el 2020 podremos describir cómo ha evolucionado el pronóstico de los pacientes, el impacto de los cambios del 2017 y de los nuevos dispositivos, cada vez más complejos, y además, tener una muestra mayor nos permitirá identificar más predictores del resultado del trasplante.

 

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