Una de romanos

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Bajo los árboles, una pelea de gladiadores. Un poco más allá, lecciones sobre el manejo del pilum. Al lado, una degustación de manjares dignos de la mesa de Julio César. No, no es un péplum de Hollywood, tan solo el resultado de un paseo esta semana por el entorno de la torre de Hércules. Nada que objetar. Parece original en el noveno aniversario del monumento como patrimonio de la humanidad explicar la historia, la identidad romana del Faro, desde la ficción, que es una manera inteligente de digerirla.

Pero siguiendo con esa influencia romana, permítanme desviar el foco tan solo unos kilómetros. En febrero de 1947 el arqueólogo coruñés Luis Monteagudo empezaba a excavar en un monte de las afueras de Coruña, todo maleza, donde los vecinos hablaban de una legendaria trabe de ouro y un misterioso poblado escondido. Monteagudo, que era un genio, dedujo que, por pura etimología, la zona que los lugareños denominaban A Cabaxe tenía que indicar un sitio donde había cabañas. Allí clavó la pala y de la vegetación fue emergiendo el castro de Elviña, con su muralla, la croa, la Casa de la Exedra, el aljibe… Pero también cerámica romana, una pulsera de oro, una moneda del emperador Tiberio…

Desde aquel memorable hallazgo de 1947, el castro fue alternando lustros de inactividad y abandono con arreones puntuales de la excavación. Su decadencia era patética en octubre pasado, cuando en otro de esos arreones se acometió la tarea de desescombrarlo. «Moita xente pode pensar que isto [Elviña] non pode ter a potencialidade que ten a torre de Hércules. Eu non quero menosprezar á Torre, que é impresionante, pero isto pode estar tranquilamente á súa altura en afluencia de xente», sentenciaba hace poco más de un mes en La Voz de Galicia Luis López, director de esta última campaña de excavación y limpieza, que ha vuelto a sacar a la luz los elementos más espectaculares.

Para revalorizar nuestro legado romano urge impedir que el abandono y la maleza vuelvan a hacer su trabajo. El castro de Elviña es para los historiadores el recinto arqueológico más importante del norte de Galicia. Y no solo como exponente de cultura castreña, sino también por su diálogo con otras culturas, como la romana.

Ahora que falta un año para festejar el décimo aniversario de la declaración de patrimonio de la humanidad de nuestro maravilloso Faro, es el momento perfecto para que emerja un nuevo foco histórico y patrimonial que atraiga turistas a la ciudad; el momento de afianzar un enclave insuperable con el que explicar nuestro pasado, y llevar allí también, si nos apetece, el pilum, el escudo y el disfraz de gladiador para seducir a los visitantes. La tarea es ingente, no crean. En 71 años de trabajos en Elviña apenas hemos sido capaces de excavar ¡un 30 % del yacimiento!

Autor Alfonso Andrade coruñesas

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