«Hay que legislar la inteligencia artificial para que no beneficie solo a unos pocos»

El ingeniero de origen gallego David Pereira, responsable de Inteligencia Artificial de Éveris en Europa,  alerta de la falta de regulación y de la envergadura del cambio de época en ciernes


a CORUÑA / LA VOZ

La inteligencia artificial se abre paso en el mundo como «la nueva electricidad». El símil lo acuñó el gurú estadounidense de origen chino Andrew Ng, y el ingeniero de Telecomunicaciones de origen gallego y socio responsable de Inteligencia Artificial de Éveris en Europa, David Pereira, recurre a él para explicar los desafíos de una tecnología que en menos de diez años traerá una revolución a la vida de las personas con consecuencias éticas y sociales insospechadas. El asunto de Facebook, Cambridge Analytica y la victoria de Trump ha dejado al descubierto solo algunos agujeros legales.

-¿Cuánto es el riesgo futuro que entraña la IA y cuánta la urgencia de regularlo?

-Alguien dijo que los humanos somos tan buenos haciendo predicciones como los monos lanzando dardos. Además estamos hablando de tecnologías exponenciales, no lineales... Yo le doy una importancia muy, muy alta a la regulación. En cuanto la IA empiece a usarse masivamente va a causar un impacto enorme y no solo en el empleo. Se está poniendo el foco en algo fundamental: la IA acaba adquiriendo sesgo político, racial o de género, porque se entrena con datos que proporcionamos los humanos, y si los datos están sesgados, la IA acaba sesgada. Y eso es muy peligroso.

-¿Lo están observando?

-Hay un libro de una científica de datos estadounidense que recoge iniciativas para mejorar la vida de los ciudadanos que acabaron convirtiéndose en todo lo contrario. Nueva York recurrió a la IA para decidir en qué barrios tenía que patrullar más o menos la policía. Con toda la buena intención, evitaron los datos raciales y segregaron otros de tal manera que la policía acabó patrullando mucho más los barrios mayoritariamente negros, y mucha más gente negra acabó en comisaría. Y eso no implicaba que hubiera más criminalidad. Por eso, antes de que sea masiva, las Administraciones tienen que hacer un esfuerzo por legislar (es un equilibrio complicado: hacerlo y permitir que la tecnología siga avanzando) para evitar que la IA pueda beneficiar a ciertos grupos sociales y perjudicar a otros.

-¿En cuánto tiempo será masivo?

-Entre cinco y diez puede ser muy elevado, y ya no en compañías como Google o Facebook, sino en la vida diaria, con el coche autónomo o los drones.

-¿Han reaccionado los gobiernos?

-Están empezando. En España un grupo de sabios está avanzando en el primer libro blanco, Macron ha lanzado un plan bastante ambicioso, la UE acaba de sacar un concurso para crear un grupo de expertos (del que espero formar parte) que se encargará de definir estándares tecnológicos, regulación y recomendaciones a nivel ético y social. Están empezando a ser conscientes del impacto que va a tener en la evolución de la sociedad, y parece claro que los países que sepan entender esto y empiecen a trabajar van a tener ventajas competitivas.

-¿Qué sociedad nos va a traer?

-Estamos en un cambio de época, no en una época de cambios. Vamos a convertirnos en una sociedad donde la demanda será más personalizada y, sobre todo, más inmediata. Los productos van a tener que ser individuales, específicos y diseñados para nosotros. El coche autónomo va a revolucionar por completo la industria del transporte y la automoción. Comprarse un coche pierde todo el sentido. Y lo que viene detrás: si dejamos de tener un coche en propiedad, ¿para qué queremos aparcamientos? Si podemos llamar a un coche autonómo para que nos recoja a una hora determinada... Y así con cualquier empresa y cualquier servicio...

-¿Y el desafío?

-A nivel tecnológico es fundamental explicar cómo la IA está tomando las decisiones que toma, porque ahora no es posible. No estamos siendo capaces aún de explicar qué está pasando ahí dentro para que la IA tome la decisión. Y eso es un problema legal, ético y tecnológico. Pero el mayor para mí está en la parte humana. Cómo vamos a gestionar el cambio empresarial y social que se nos viene encima. Cómo hacer que las sociedades sigan siendo competitivas y, muy importante (porque habrá muchas tareas que se automatizarán), cómo hacer para que esa gente que pierde su trabajo sea capaz de adaptarse nuestras empresas sean capaces de crear nuevos roles y nuevos perfiles para poder emplear a toda esa parte de la sociedad.

«El gran reto es la escasez de talento»

«No tenemos que intentar ser Google. Tenemos que tratar de sacar partido a la tecnología que empresas como Google ponen a nuestra disposición. Esa es la estrategia inteligente», recomienda David Pereira a las compañías que han iniciado la transformación digital en sus procesos internos y su relación con los clientes. «En los dos casos está muy vinculada a la utilización de la información y la inteligencia artificial puede ser una palanca fundamental. En tres niveles: para organizar la información de modo descriptivo, para hacer predicciones de futuro y, en el más avanzado, para hacer recomendaciones, es decir, tomar decisiones de forma autónoma. Las empresas que afronten este proceso van a ser más eficientes y más rápidas a la hora de tomar medidas. Y en un contexto con márgenes más bajos y mayor competencia, la inteligencia artificial va a ser a corto plazo una ventaja competitiva, pero a largo será imprescindible».

-¿Tienen las empresas capacidad para hacerlo?

-Tienen tres grandes retos por delante. La adopción de la tecnología, porque con la velocidad a la que salen nuevos algoritmos y frameworks es muy difícil que las empresas sepan cuáles deben aplicar (y a esto se suman las fuertes inversiones que hacen que ahora mismo haya un ecosistema impresionante de start-up que dicen tener soluciones en IA). Otro reto es escalar, integrar la IA con sistemas informáticos que tienen muchos años y son difíciles de evolucionar, para pasar de la prueba de concepto a un uso de la tecnología que tenga impacto en la cuenta de resultados. Y por último, el más importante: la escasez de talento, tenemos muy pocos perfiles formados. Además, al lado de los científicos de datos, los ingenieros y los perfiles tradicionales, están cobrando importancia especialistas como los filólogos, sociólogos o diseñadores, porque a la IA, aparte de inteligencia, hay que dotarla de empatía, porque al final interactúa con personas. Y es muy importante trabajar la vertiente social.

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