Quiero dormir en un hotel coruñés


Como hoy arrancan las vacaciones y muchos se despertarán mañana en algún hotel de otra ciudad voy a confesarles que a mí lo que en realidad me gustaría es pasar alguna vez una noche en un hotel de los nuestros. Eso que jamás (o muy pocas veces) se suele hacer y que me ha generado siempre cierta curiosidad porque nunca lo he hecho. Una tiene que esperar a que llegue un gran evento, una boda o algo semejante, para verse en esos escenarios tan nuestros y que en el fondo se desconocen. Las de veces que yo he estado mirando desde La Solana al Finisterre sin saber en realidad qué se cocía allí dentro. Pasaron muchos, pero muchos años hasta que descubrí su gran salón Victoria, con su lámpara imponente y aquellas enormes escaleras que luego se modificaron con la reforma.

Solo cuando vienen amigos de fuera a visitarnos tenemos la oportunidad de vernos en el hall de esos edificios por los que habitualmente pasamos y de los que desconocemos casi todo: quién trabaja, cómo se come, cómo es el desayuno, cómo son las habitaciones. Hace poco entré en el Finisterre para un reportaje -tengo a Marcos Míguez, uno de nuestros fotógrafos, de testigo- y me sentí extrañamente en mi ciudad. No imaginaba esas vistas ni mucho menos la rareza de hospedarse allí, en el lugar de donde una es. A mí me haría gracia dormir alguna vez en mi propia ciudad solo por proyectarme con ojos de turista, aunque fuera solo una noche. La de veces que he pasado por el Tryp (así le sigo llamando al Meliá del Matadero) mientras lo iban construyendo y la de veces que he mirado para sus ventanas pensando cómo se verá la playa desde esa altura. Y aunque he festejado en sus salones, aunque he cenado en alguna boda, desconozco el estado de sus habitaciones. Claro que el que ahora va a dar mucha envidia es el Riazor, cuando terminen la reforma en junio (esa es la fecha que han dicho, pero parece que la cosa está verde). ¿Acaso no querrían entrar? Deberían hacernos una visita guiada, organizarnos por grupos a los coruñeses curiosos que quieran ver cómo ha quedado y darnos el lujo, por una vez, de disfrutarlo bien por dentro. Yo no tengo ni flowers de cómo será el Attica o el Atlántico o el Blue Coruña (el de Juana de Vega), que siempre que lo veo iluminado de noche me atrae. Este hotel tiene el honor de haberse levantado en el mismo solar que el Gran Hotel de Francia, el primero que se inauguró en Coruña, en el año 1888. Es cierto que han desaparecido el Altántic Hotel, en Méndez Núñez, el Embajador (donde está el Teatro Colón) o el Palace (donde están el Casino y Mango) que tenía el café Oriental en su bajo, pero para mí todos siguen siendo un misterio. Un día habrá que probar cómo se duerme en Coruña de verdad. Si lo hago, se lo cuento.

Por Sandra Faginas Coruñesas

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