La minoría absoluta de la Marea, el no a integrar al PSOE en el gobierno, y la falta de tiempo para pactar son claves
29 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El rechazo del pleno a los presupuestos del 2017 es resultado de varios factores, algunos están ahí desde el arranque del mandato y otros han ido apareciendo durante los últimos meses y semanas.
El «pecado original» de lo sucedido es la minoría del gobierno, que cuenta con diez concejales en una corporación formada por 27 ediles. A esa circunstancia se añade la falta de entendimiento con los demás partidos.
La relación con el PP está envenenada desde antes incluso del inicio del mandato. La campaña de la Marea se centró en atacar los casos de corrupción que afectan a los conservadores, y al día siguiente de la investidura les culparon de dejar el Ayuntamiento al borde de la insolvencia, a pesar de que María Pita cerró con superávit el 2014 y el 2015. El resentimiento de los populares se mantiene vivo desde entonces.
Las fuerzas de izquierda
Un apoyo menguado. El BNG es el partido más próximo al gobierno. Al menos eso se deduce de sus enmiendas al presupuesto, que afectaban al 0,4 % de su importe y respetaban sus líneas estratégicas, pero los nacionalistas marcaron distancias absteniéndose en la votación definitiva del texto, y han sido muy críticos con el equipo de Ferreiro acerca de otros asuntos.
La clave es el PSOE, que con seis concejales tiene la llave en el pleno. Fue el partido imprescindible para la investidura del alcalde y, pese a los choques constantes durante el último año y medio, su apoyo ha sido fundamental para la aprobación de proyectos estratégicos, como la renta social, o en documentos clave, como las ordenanzas fiscales del pasado ejercicio, y varios cambios en los presupuestos vigentes.
Las calabazas al PSOE
De la tensión a la ruptura. Pero la tensa relación con los socialistas, que según veteranos dirigentes del partido estaría laminando su base electoral al situarles en tierra de nadie, entró en barrena cuando plantearon entrar en el gobierno. Lanzaron esa propuesta tras las autonómicas, que confirmaron la tendencia ascendente del PP, pero fue rechazada por la Marea de forma tajante tras unos días de dudas.
El resultado fue que el sector del PSOE que quiere distanciarse de Ferreiro ganó fuerza. Las consecuencias se desencadenaron ayer, aunque también ha sido importante la falta de tiempo para negociar. Las cuentas se presentaron el 24 de noviembre, con más de un mes de retraso por parte del gobierno, que planteó restringir las conversaciones a 15 días. El calendario, dadas las circunstancias, casi hacía imposible un pacto; lo que quizá explique la falta de apasionamiento y tensión en el pleno. El desenlace se sabía inevitable desde el inicio.
¿Qué va a pasar ahora?
La cuestión de confianza. El alcalde afirmó que está dispuesto a volver a examinar la relación con el PSOE, pero casi descartó darles entrada en el ejecutivo, por lo que el problema de gobernabilidad seguirá ahí, y rechazó redactar las cuentas desde cero, como le han exigido. Si ni él ni el PSOE ceden en esos dos extremos, la cuestión de confianza sería la única salida para aprobar las cuentas. De llegar a ese extremo, todo indica que el PP y los socialistas se la negarán, lo que permitiría a los segundos marcar distancias. Así también se abriría la puerta a una posible moción de censura. Aunque no esté descartada, la censura es muy improbable, ya que obligaría a los socialistas a pactar con los populares, rectificando toda su política desde las municipales.