Una trampa a la salida del túnel

María cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

A CORUÑA

Eduardo Pérez

Muchos jóvenes corren el riesgo de ser atropellados por coches que pasan a gran velocidad al cruzar desde Méndez Núñez a Los Cantones Village tras el botellón

24 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un coche pasa a gran velocidad por la Avenida do Porto, la calle en la que desemboca el túnel que une María Pita y el Parrote con los jardines de Méndez Núñez. Esa arteria corta por la mitad, como un cuchillo, los dos espacios en los que decenas de adolescentes juegan muchas noches a ser mayores, al amparo del botellón. Y en esas agitadas horas nocturnas la vía es también, por momentos, una pista de carreras que, más pronto que tarde, podría acabar convertida en una trampa mortal.

Aunque la velocidad dentro del túnel está limitada a cuarenta kilómetros por hora (en la curva los coches no pueden subir de treinta), hay vehículos que salen al exterior desde las entrañas del paseo como esos utilitarios que ruedan a todo gas por las ciudades que aparecen en las películas de la saga Fast and Furious. Hay radares, pero parece que aún no van.

Durante la madrugada de ayer más de uno quiso imitar a los especialistas que los conducen amparados, quizá, en la impunidad que les da el retraso en la puesta en marcha del radar. La Policía Local, esa noche, tampoco estaba al quite. Al menos a primera hora, no se la vio patrullar por el botellón.

Hubo algún vehículo que paró en el extremo del edificio del hotel que hay frente al centro de ocio para dejar bajar a sus ocupantes. Cada coche que paraba formaba un parapeto que impedía ver con claridad desde la acera los coches que venían por la izquierda.

En medio de ese fuego cruzado de vehículos que vienen del túnel, adolescentes subidas en tacones de poco menos de diez centímetros arriesgan la vida al salir del botellón. Ellos juegan con ventaja porque van en plano. No usan aún tacón. Pero cruzan entre los coches con los reflejos nublados por el alcohol. Hay grupos a los que no les gusta tentar a la suerte y, sorteando el hedor que desprende el orín de los que usan la parte de atrás del edificio modernista del Kiosco Alfonso como retrete, cruzan por el paso de peatones para continuar la noche. Que aún es joven.