El monopolio de los zapateros

En la época medieval, los artesanos coruñeses pidieron amparo contra la competencia desleal que los forasteros les hacían en el barrio Pescadería

En la calle Zapatería se concentraban todos los zapateros de la ciudad0.
En la calle Zapatería se concentraban todos los zapateros de la ciudad0.

Nicolao Diegues, pregonero, alzó la voz para llamar la atención de los vecinos. Le acompañaba Afonso de Balay, notario, quien levantó acta de lo sucedido para dar testimonio público de que se había cumplido lo acordado. Dicha acta, escrita en gallego, se conserva hoy en el Archivo Municipal coruñés y nos permite conocer lo sucedido.

El 5 de abril de 1434, en el pórtico de la iglesia de Santiago se reunió el concello de la villa de Crunna, así aparece escrito en dicha acta, para atender las quejas de los zapateros. Se dedicaban estos tanto a hacer zapatos nuevos, botas y calzas de cuero como a reparar los viejos que les traían sus convecinos. Tenían sus pequeños talleres en los bajos de las casas de la calle Zapatería, en el casco antiguo. Allí, además de elaborar y reparar el calzado, lo exponían en los portales y lo vendían ya que disfrutaban del monopolio de su venta. Algunos también simultaneaban estas tareas con las del curtido de las pieles, como paso previo a su transformación en los talleres. El lento y mal oliente proceso de limpiar, lavar, pelar, encurtir, engrasar y secar los pellejos se realizaba extramuros de la villa en la zona de Os Pelamios, de ahí su nombre, aprovechando el agua que procedía del manantial que existía cerca de la antigua ermita desaparecida de San Juan y que hoy nos recuerda la calle Fuente Seoane.

Todos los zapateros avecindados en A Coruña estaban agrupados en el gremio y cofradía de Santa María, que velaba por sus intereses materiales y espirituales. Su trabajo estaba regulado por los usos y costumbres tradicionales recogidos en las ordenanzas. En ellas se establecía, entre otras cosas, que solo podían ejercer este oficio y vender calzado los vecinos que perteneciesen a dicho gremio y pagasen las tasas e impuestos. Pero estos privilegios se vieron amenazados en 1434 cuando algunos artesanos forasteros, que no eran vecinos ni cofrades del gremio, se entrometieron a hacer y vender zapatos en la villa y Pescaría, como así consta en el citado documento. Por eso pidieron protección y remedio a las autoridades.

Ese mismo día el concello coruñés acordó que se guardasen y cumpliesen las ordenanzas tradicionales, prohibiendo la venta de calzado a los forasteros. Con altas voces, Nicolao Diegues recorrió las calles diciendo: «Manda o conçello [?] desta villa de crunna [?] que nehunus çapateiros ? que non sejan çapateiros et vezinos et moradores da dita villa [?] que non usen dos ditos ofiçios de çapataria nen vendan çapatos nen botas nen outro calçado de coiro en publico nen ascondido nen los ponnan en tendas nen portaes nen anden a vender por la dita villa et pescaria dela».

De cuando en vez algunos traducen al gallego el nombre del barrio de Pescadería por Peixería. Ignoran que los coruñeses empleaban, como se puede comprobar en los documentos gallegos medievales, el topónimo de Pescaría para designar este arrabal, palabra que procede do latín piscaria, con el significado de lugar de pesca o donde abunda la pesca, y que aún existe en la lengua portuguesa.

El 5 de abril de 1434, el Concello coruñés acordó prohibir la venta de calzado a forasteros

Estaban agrupados en el gremio y cofradía de Santa María, que velaba por sus intereses

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