Lisboa

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

A CORUÑA

04 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Los portugueses votan hoy con el hastío apacible que han engendrado tantos años de crisis. Tras el zarandeo inicial, en el que fueron conscientes del abismo, los vecinos del sur se conducen hoy con el gesto indolente de quien vive convencido de que las cosas van a seguir siendo como solían. Hoy, aquí y allí se echa de menos la indignación inocente de hace un lustro. Aquellos días el sistema supuraba y esa infección nos permitió una vista franca de las cosas. Fueron los años en los que vimos de cerca las tuberías de los bancos, las cañerías de la política, las estancias más lóbregas de los sindicatos, las gamberradas estructurales de grandes corporaciones, toda una galería de monstruos con los que sospechábamos que convivíamos pero que nunca antes se habían desnudado ante nosotros. En aquel aquelarre, durante un minuto, se fabuló con que otro mundo era posible, que sobre los cimientos de tanta infamia se podría construir un edificio mejor.

Finalmente, a los bancos los rescatamos usted y yo; la política es hoy más confusa pero igual de improductiva y pocas cosas generan más consenso que esta convicción: el mundo inmediato será peor que el anterior, más desigual, más oscuro, más ansioso, más propenso a zanjar las cosas a las bravas. La digitalización de la existencia facilita, además, la transmisión de mensajes sin matices que construyen realidades exprés en el tiempo que lleva edificar un trending topic. El 15 de febrero del año 2013, la melodía emocionante del Grândola de Zeca Afonso interrumpió al primer ministro Passos Coelho en el Parlamento. Passos lidera los sondeos de las elecciones de hoy en Portugal.