El extraño caso de los «petardos»

Xosé Alfeirán

A CORUÑA

La fachada de la iglesa de San Jorge, a principios del siglo pasado.
La fachada de la iglesa de San Jorge, a principios del siglo pasado. archivo de alberto martí villardefrancos< / span>

Una cadena de atentados con cartuchos de pólvora conmocionó la ciudad

08 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El estruendo fue espantoso, agrandado por la sonoridad de las naves. Era la primera vez que tal cosa acontecía en A Coruña. Ese domingo 24 de junio de 1908, en la misa de 10, la iglesia de San Jorge estaba casi llena. Además de los feligreses asistía, como habitualmente lo hacía, el regimiento de Isabel la Católica. En el momento de alzar la hostia, explotó. El pánico empujó atropelladamente al público hacia las puertas de salida, resultando varias personas heridas por contusiones. Restablecida la calma se comprobó que la detonación había ocurrido en un confesonario situado en las inmediaciones de la puerta principal.

La noticia saltó rápidamente a las páginas de los periódicos, pero su tratamiento fue muy distinto. La prensa coruñesa desde los primeros momentos dijo que se trataba de un petardo (nombre que se aplicaba popularmente a los cartuchos de pólvora o de dinamita) y que era de «pólvora con envoltura débil», de ahí que sus efectos y daños fuesen pequeños. Sin embargo en la prensa del resto de Galicia y de Madrid el tono de la noticia variaba de acuerdo con la ideología del periódico, desde las visiones tremendistas, en los conservadores, hasta las tranquilizadoras, en los progresistas.

El atentado provocó una gran extrañeza en la ciudad y nadie entendía por qué o quién hubiese podido hacerlo. Todos los sectores sociales y políticos lo condenaron. Por la naturaleza del atentado las sospechas iniciales recayeron en los anarquistas y varios sospechosos fueron detenidos, pero pronto salieron en libertad ya que no había pruebas contra ellos. Muchos habían estado ese mismo día en Betanzos en un acto organizado por Germinal en favor de los presos por causas sociales.

Además, el atentado se había producido en unas circunstancias políticas especiales. En esos momentos, el Gobierno conservador de Maura tenía la intención de aprobar una ley de represión del terrorismo a la que se oponían los liberales y las izquierdas, por considerar que cercenaba las libertades. La campaña contra esa ley estaba en pleno auge y en A Coruña ya habían acordado los republicanos, librepensadores, socialistas y anarquistas celebrar un gran mitin, el 31 de mayo, para mostrar su oposición. También estaba el precedente del juicio, celebrado en abril, contra Juan Rull y su banda, confidentes pagados por la policía condenados por colocar diversas bombas en Barcelona para seguir cobrando más. En este contexto, los anarquistas y republicanos coruñeses consideraron que tras el atentado de San Jorge podría haber maniobras ocultas que podían servir de pretexto para aprobar la citada ley contra el terrorismo. Decidieron estar vigilantes y colaborar en descubrir al culpable.

Días después, el 30 de mayo explotó un nuevo petardo en los sótanos del Gobierno Civil, el 4 de junio otro en la puerta de la iglesia de San Nicolás, el 9 de junio dos más en los quioscos del paseo de Méndez Núñez y el 17 de junio otro en el urinario de dichos jardines. Sería el último. Continuará.

Maura preparaba esos días una ley antiterrorista criticada por la izquierda

La gravedad del suceso variaba si se preguntaba a progresistas o a conservadores

Los estallidos se reprodujeron en días sucesivos en varios puntos de Méndez Núñez