Durante 30 días la ciudad se convertía en puerto franco para los forasteros
25 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El mundo estaba cambiando. De día en día se hacía más grande. Navegantes y marinos europeos descubrían nuevas tierras y tras ellos se establecían nuevas rutas comerciales. En 1502, Vasco da Gama iniciaba su segunda expedición a la India que asentaría el dominio portugués en esa zona. Ese mismo año, Cristóbal Colon partía en su cuarto viaje explorando las costas de América Central. Sus descubrimientos geográficos, seguidos por otros muchos, convertirían a Lisboa y Sevilla en las principales plazas comerciales de la Europa del siglo XVI. El mundo basculaba hacia el Atlántico.
Situada en medio de una costa peligrosa, entre el cabo Fisterra y el Ortegal, la bahía coruñesa era un excelente refugio y escala imprescindible en las rutas atlánticas que comunicaban el Mediterráneo con el Canal de la Mancha. Tradicional puerto de llegada de peregrinos a Santiago, también era frecuentado por numerosos barcos que además de avituallarse o descansar, esperando vientos propicios para continuar su ruta, aprovechaban su estancia para vender o comprar diversas mercancías. Era una modesta y próspera ciudad de realengo. Pero en 1502, A Coruña sufriría un grave desastre. Un gran incendio arrasó con casi todas las casas de lo que hoy es la Ciudad Vieja; estaban construidas en su mayoría en madera y fueron fácil presa de las llamas que las redujeron a cenizas. No se conservan descripciones de dicho incendio, pero si diversa documentación que nos habla de sus devastadores efectos y de las peticiones de ayuda de los coruñeses a la Corona para la reconstrucción de la ciudad. Entre esas peticiones estuvo la solicitud de un feria franca anual.
El 28 de marzo de 1503, en Alcalá de Henares, la reina Isabel I, la Católica, concedió dicho privilegio a la ciudad. La feria franca coruñesa duraría 30 días y se celebraría anualmente desde el 15 de julio hasta el 14 de agosto. Su intención era la promoción comercial de la ciudad, buscando atraer con ventajas fiscales a los mercaderes foráneos en un momento en el que la apertura de las nuevas rutas hacia Oriente y América y su interconexión con las europeas podía incrementar el tráfico por las costas gallegas. Durante dicha feria los comerciantes foráneos estaban exentos del pago de la alcabala, el impuesto indirecto que gravaba las compra-ventas de bienes; los vecinos, en cambio, debían seguir pagándola, ya que no se quería que disminuyesen las rentas del concejo y de la Corona. La feria debía realizarse dentro de los muros de la Ciudad Vieja para contribuir a que estuviese más poblada y ennoblecida. Solo las mercancías más pesadas podrían comercializarse en el arrabal de la Pescadería. Posiblemente esta feria y otras franquicias posteriores contribuyeron a aumentar la presencia de mercaderes extranjeros y fueron importante baza de futuro para el desarrollo comercial coruñés en el siglo XVI.
Epilogo: 30 días duraba la feria franca coruñesa, 30 días duran hoy las fiestas coruñesas. Curiosa coincidencia ¿o no?