La goleta «This is us», diseñada con todo lujo, navega por Europa y el Caribe
27 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Un majestuoso velero está amarrado en uno de los pantalanes de Marina Coruña. Se trata de la goleta This is us, un excelso barco de casi 42 metros de eslora y 8 de manga. Desde su cubierta de brillante madera se yerguen dos altos palos capaces de soportar 1.200 metros cuadrados de trapo, vela que le permite alcanzar velocidades de hasta 13 nudos. Esta goleta está equipada con los equipos de última generación para navegar, e incluso para fondear, porque tiene una quilla retráctil que le permite arriar anclas en calados de poco más de tres metros, llegar con su tripulación casi hasta la costa.
Esto es lo que se puede apreciar desde el muelle, el exterior de This is us. ¿Y a bordo? El interior es un océano diseñado en lujo. La madera de teca brilla desde casi la orza hasta la cubierta. Su diseñador, el holandés Andre Hoek, construyó a bordo del This is us un auténtico apartamento de lujo, con cuatro cabinas para los propietarios o para los alquiladores. Sí, este barco también se puede alquilar, para que ocho huéspedes disfruten a lo grande y ancho del mar. Durante el invierno el arriendo se haría en el mar Caribe, al precio de 79.100 euros la semana, y en invierno en Europa occidental: las Baleares, el sur de Francia, Córcega, Sicilia... Se diría que es caro, pero estamos hablando de que el barco lleva seis tripulantes a bordo, el contrato incluye el menú de alta cocina internacional, una cama de 1,80 de ancho, otra de 1,50, dos de 90 y otras dos de 80, con baño incluido. Tan lujosa goleta cuenta con equipos de buceos, de esquí, kayaks, zódiac...
Pero con todo ello, el mar es el mar, y no entiende de lujos ni de bellezas, ni de chalanas, ni de pesqueros, ni de ferris, ni de yates... El This is us arribó a A Coruña para reparar una pequeña avería y fondeó a la altura del dique de abrigo. Su tripulación descansaba el pasado 31 de marzo. El ancla del barco no enganchó bien en el fondo y el yate comenzó a garrear y se fue contra las rocas de la escollera.
Lo vio un técnico de la torre de Salvamento. Avisó de inmediato a la Salvamar y a la Blanca 2, de la Cruz Roja. Entre ambas lograron rescatarlo, no sin una dentellada de las piedras en su casco. Tuvo que reparar y ya zarpará para, de nuevo, ofrecer su lujo a sus navegantes.