Un destrozo de 1,5 millones

Emiliano Mouzo A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Los técnicos de Infraestructuras del Ayuntamiento de A Coruña continúan con las valoraciones de los daños causados por la ciclogénesis explosiva Nadja. Pero las primeras estimaciones no son nada positivas, ya que se tasan los estropicios en más de 1,5 millones de euros, un golpe muy duro a las arcas municipales. Y es que el mar de fondo, con olas de hasta ocho metros de altura, llegó a tierra con todo su ímpetu. En algunas zonas no dejó nada a su paso.

Así, en el paseo marítimo, a la altura de la Hípica, el oleaje se llevó por delante alrededor de 75 metros de balaustrada, estructura que casi no se pudo recuperar porque cayó hacia la ribera. Unos metros más adelante, a la altura de la calle Veramar, las olas derribaron, no en su totalidad ya que quedó sobre la columna de una farola, veinticinco metros de la baranda de piedra.

La fuerza del mar provocada por Nadja tampoco pasó desapercibida en Adormideras. Allí, el diseño de la balaustrada, de acero, menos compacta y con más paso de luz, permitió que el oleaje alcanzase de lleno el mobiliario urbano, sobre todo los bancos de piedra que quedaron esparcidos por la vía. También sufrieron daños las gradas de la playa de San Amaro.

El acantilado de punta Herminia, que está un poco más elevada que el paseo marítimo coruñés, tampoco fue obstáculo para el oleaje. Lo sorteó y se llevó por delante la estructura de madera del paseo peatonal. La fuerza del mar afectó a la zona exterior del Aquarium y se llevó por delante las duchas de la playa de Matadero

Orzán, Riazor, Esclavas...

Y si el oleaje fue capaz de torear las rocas de la Torre, más fácil le fue destruir casi por completo la balaustrada del Orzán y de Riazor, desde la coraza hasta el Playa Club. En su trayectoria no dejó un banco ni una papelera y descargó parte de la arena de las playas en el paseo marítimo, en la mediana ajardinada y hasta en el asfalto de la avenida Barrié de la Maza.

Poca resistencia pudo poner la escollera de Las Esclavas. El mar sobrepasó el rompeolas y arrasó los bancos. Unos metros más adelante, a la altura de San Roque, el oleaje despegó del suelo unos quince metros de balaustrada, e impactó con fuerza contra los bancos y varias embarcaciones.