El bum de la música en vivo en A Coruña

Tras la moda de los disyoqueis, la hostelería coruñesa se ha volcado en los últimos tiempos con los conciertos. Está previsto que abran dos nuevas salas este año


A CORUÑA / LA VOZ

La hostelería se ha abrazado a la música en directo. Basta con echar un vistazo a una agenda de fin de semana para confirmarlo. Banda tributo, trío acústico, conciertos para niños, sesiones vermú... Toda esa palabrería se intenta hacer sitio en las decenas de carteles que cuelgan de las paredes y los muros de Facebook. Desde bares que habilitan un rincón a un cantautor a salas con equipo propio, la tendencia va en aumento.

Sirva de prueba el anuncio de la semana pasada: la confirmación de apertura a finales del próximo mes de febrero del Garufa Club, en Comandante Barja. Con capacidad para más de 300 personas, pretende ser la referencia para el medio aforo. No será la última. En silencio se trabaja en otro local similar en el centro, orientado al rock y el metal. Sus responsables no quieren dar aún fecha de apertura, pero en todo caso sostienen que será antes del verano.

¿Qué está pasando aquí? «Pues parece que los hosteleros están apostado por la música, lo cual es bueno si todo se mantiene en el tiempo», sostiene Tomi Legido, programador de la veterana Mardi Gras, que esta noche acoge el debut de los coruñeses Sensacional (22.30 horas). «Hay un público selectivo que está ahí. Lo otro me temo que es una moda pasajera que se irá con el tiempo», opina Jose Manuel Abelleira, socio de El Pato Negro, la sala que funciona desde hace un año en la calle Industrial. Hoy suben a su escenario The Honky-Tonkin Boozers's (22.30 horas).

Tanto El Pato Negro como Mardi Gras surgen como dos pinceladas dentro de un cuadro infinito. Le Club Directo, Dux, Casino Blow Up, Filomatic, Dublín, Corralón, Joana's Place o Updown, entre muchos otros, acogen actuaciones con normalidad. Uno de los últimos en sumarse a la tendencia ha sido la sala Casino Blow-Up, de la calle Torreiro. Sus responsables, Luis Ferreiro y Carmela Lastres, programan actuaciones gratuitas todos los viernes desde hace cinco semanas. «La idea es atraer público a la sala y apoyar a los grupos locales», señalan. En ese sentido, han logrado un gran éxito con los pases de Kanaloas o Los Monchos. Y prometen continuar por la misma línea de «rock con personalidad». Su próxima cita será el viernes 24 con The Tenders.

En el caso de El Corralón, en la calle Panaderas, la apuesta por la música en vivo viene de lejos. «En realidad se trata de recuperar algo que ya hacíamos hace años», explica Óscar Hermida, uno de sus socios. «No es algo muy rentable, porque hay que pagar al músico, pero le da movimiento al local». Una de sus especialidades es la sesión vermú: conciertos de rock para tomar el aperitivo. Hoy tocarán los Rockers Go To Hell (13.30 horas).

Y, ojo, que se empiezan a imponer las actuaciones de rock para niños. El pasado 6 de enero, Los Claretes llenaron la sala Mardi Gras. «Se trata de plantar la semilla para el futuro», apunta Tomi Legido.

El macropoyecto de Dolce Vita, en la nevera

Anunciado el pasado mes de noviembre, el macroproyecto de ocio y hostelería que reflotaría el Centro Comercial Dolce Vita continúa sin dar un solo paso firme. Pese a que la rueda de prensa contó con la presencia del director de Larry Smith (empresa que gestiona las propiedades el grupo Chamartín, entre las que se encuentra Dolce Vita), por ahora no se ha materializado en nada. El proyecto hablaba de 40 locales, varios de los cuales albergarían música en vivo todos los viernes del año.

La noticia despertó gran expectación en el sector. Pero también mucha incredulidad por toda su carga pirotécnica. Se habla de fletar aviones desde diferentes puntos de España para verlas actuaciones. También de un volumen de público en torno a las 20.000 personas diarias. Sin embargo, aunque sea imposible que la idea salga adelante el 14 de febrero (fecha prevista para la inauguración), Smith insistió esta semana en que el «proyecto sigue en pie, pero por el momento no hay nada firmado».

En un plano totalmente diferente, en agosto del año pasado empezó su andadura la Casa Tomada, una célula cultural sin animo de lucro con sede en uno de los almacenes de la Estación de San Cristóbal. Sus responsables financiaron el proyecto mediante crowfunding, recogiendo aportaciones económicas particulares. Desde entonces, llevan desarrollando una intensa actividad en la que la música en directo tiene gran presencia.

El funcionamiento nada tiene que ver con la hostelería. Se han constituido como asociación, exigiendo un alta para acceder a sus instalaciones. Esta noche acogen el concierto de los coruñeses Snail.

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