El PP consiguió hace un año su primera mayoría absoluta, frente al desgaste del bipartito
20 may 2012 . Actualizado a las 07:07 h.«En términos surferos, los vientos y las olas los han generado los gobiernos, particularmente en La Coruña, y el PP ha sabido surfear bien, y hasta el final, la ola». Con esta frase resumía un Carlos Negreira recién estrenado como alcalde de la ciudad el vuelco electoral que allanó a los populares la entrada al palacio de María Pita por primera vez tras 28 años de gobiernos socialistas.
Y es que aquel 22 de mayo del 2011 el PP consiguió dar la vuelta a un mapa político que nunca le había sido propicio. Con 51.286 votos, el 43,6 % de los emitidos en la ciudad, los populares alcanzaban la cifra mágica: los catorce concejales que daban la mayoría absoluta y que nunca antes habían ni rozado. La ola popular, anunciada por todas las encuestas previas, que sin embargo no colocaban al PP en zona de gobierno, se convirtió finalmente en tsunami que derribó la cómoda mayoría de la que disfrutó durante cuatro años el gobierno de coalición entre socialistas y nacionalistas.
Dos formaciones que, hace ahora un año, confirmaron un declive que, en el caso de los socialistas, se inició en 1995, cuando otra ola popular, que un año después llevaría a la Moncloa a su primer inquilino popular, no tuvo su traslación a María Pita. Un Francisco Vázquez en pleno pico de su popularidad conseguía ese año el mayor caudal de votos nunca logrado por ningún partido en las municipales, 69.705 papeletas, que frenaron el ascenso del PP, a los que los 49.135 votos cosechados entonces, apenas 2.151 menos que hace un año, solo les sirvieron para conseguir diez de los veintisiete asientos en el salón de plenos.
A partir de ese punto, los socialistas sufrieron una sangría de votos que hasta los comicios del 2003 cayeron en el zurrón del BNG, oposición por la izquierda a la gestión de Vázquez, y que solo en el 2007, tras la marcha del exalcalde al Vaticano y el ascenso de Losada como cabeza de cartel socialista, comenzaron a revertir en masa en el de los populares.
Castigo a la coalición
Un proceso que se agravó tras cuatro años de gobierno compartido entre PSOE y BNG, formación a la que el pacto también le valió el castigo de sus votantes. Ambas formaciones se dejaron por el camino diez mil papeletas, que si en el caso de los socialistas se traducía en la pérdida de una cuarta parte de su electorado, ya mermado en anteriores comicios, para los nacionalistas suponía que más de un 40 % de sus votantes les daban la espalda. En el caso del BNG, además del desgaste de su paso por el gobierno, también influyó las luchas intestinas que desangraron al partido en el proceso de relevo del dirigente que los había llevado a las cuotas más altas de poder en la ciudad, Henrique Tello.
La otra sorpresa del 22 de mayo del 2011 fue la irrupción en María Pita de Esquerda Unida, conformando el salón de plenos más plural desde 1983. La formación de César Santiso supo captar el voto de los descontentos de la izquierda, lo que le permitió casi duplicar las papeletas obtenidas en el 2007 y situarse a unos niveles que la formación no vivía desde los tiempos del entonces Partido Comunista, que en 1979 obtuvo ya dos actas de edil.