El único hombre que tiene en su palmarés todos los títulos que lucen en las vitrinas del Liceo ya es historia para el club
29 dic 2011 . Actualizado a las 12:02 h.«Tengo tanta morriña después de más de treinta años en el Liceo que no me apetece ni recordar todo lo que viví, así que mejor lo dejamos para otro día». Es Fernando Galmán, el único hombre que puede presumir de haber ganado todos los títulos que lucen en las vitrinas del club más laureado del deporte gallego.
Su historia es la de un currante que dio media vida por un club casi a cambio solo de cariño. Un hombre que hace un mes y medio tuvo que tomar la peor decisión de su vida: irse con la cabeza bien alta del sitio en el que alguien había decidido que a partir de entonces su trabajo y lealtad no valían más que doscientos euros al mes. La mitad de lo que hasta entonces cobraba. Y así fue. El 12 de noviembre vivió su último encuentro en la esquina del banquillo verdiblanco, ese en el que sufrió tanto y celebró tantos éxitos. Desde entonces no ha vuelto a pisar el Palacio de los Deportes. «Aún tengo allí cosas, pero no consigo reunir las fuerzas necesarias para ir. Algún día tendré que hacerlo», explica con tristeza desde su casa.
Atrás quedan grandes tardes de gloria y algunos momentos de tristeza incomparables a la que sintió el día que dijo adiós. Ahora se queda con las vivencias y «con todo lo que los chavales [por los jugadores] me han hecho vivir».
Emocionado, el señor Galmán, como le conoce el mundillo del hockey sobre patines, recuerda como si fuera ayer sus primeros contactos con los patines: «Mi padre, que era zapatero, arreglaba los patines del Deportivo, que tenía equipo de patinaje de velocidad. Yo tenía 9 años y los llevaba a La Marina, en donde estaba el club». Luego llegó el momento en que sus hijos empezaron a jugar al hockey en el Club del Mar, Deportivo y finalmente Liceo. «Y así me pidió un día el fallecido Fernández Tapias que echara una mano. Y lo hice hasta hoy». Exactamente, hasta el 12 de noviembre, cuando el Liceo tras remontar ante el Blanes en Riazor (4-3) ganó 3 puntos pero perdió una institución.
Grandes anécdotas
Por sus manos pasaron los patines de los mejores jugadores del Mundo con mil anécdotas. Las ruedas nuevas con las que cada semana llegaba Cristiano de Portugal, el pánico de Pepe Llonch al color amarillo, el temor de Alberto Areces a que alguien «se atreviera incluso a cambiarle los cordones de sus botas antes de los partidos». O el recogimiento personal de Mario Agüero antes de cada encuentro: «Se metía en el vestuario a rezar. Nunca fallaba», recuerda del que para él «ha sido el más grande que pasó por el Liceo». Y lo justifica: «Se habla mucho de Martinazzo, que yo no voy a negar su calidad, pero lo que le dio Agüero al Liceo fue muchísimo. Además de ser una bellísima persona», enfatiza Galmán.
Míles de recuerdos se acumulan en la memoria de un liceísta de verdad para el que cada partido, cada victoria, cada título suponía «una ilusión» que no se paga con un recorte en la gratificación mensual.
fernando galmán exmecánico del liceo
«Tengo tanta morriña después de más de treinta años en el Liceo que no me apetece ni recordar todo lo que viví en ese gran club»