Vaya por delante que este artículo es resultado del interés de un coruñés que, como cualquier otro, desea y pretende lo mejor para su ciudad. Un coruñés que, además, ha tenido la oportunidad de ser el alcalde.
Y ya al inicio de estas líneas, para que no se entienda de otra manera, repito y recuerdo lo que manifesté a principios de junio: «Soy un coruñés más y, por tanto, Carlos Negreira es mi alcalde. Y como vecino de A Coruña y senador me tendrá siempre a su disposición para defender los intereses de la ciudad y de los coruñeses allá donde esté».
Dicho esto, unas reflexiones que comparto con mis convecinos:
Se cumplen los tradicionales cien primeros días de cortesía para el nuevo gobierno municipal. Cien días en los que no se piden al nuevo alcalde soluciones a todos los problemas, pues se entiende que en tres meses no puede cumplir todo lo que prometió. Cien días que, sin embargo, suponen un plazo más que razonable para esbozar las líneas estratégicas de su proyecto de ciudad.
Bien, nos encontramos en ese momento temporal y en A Coruña se manifiestan dos realidades.
En primer lugar, la única acción política en la que centra su empeño el actual gobierno es en desacreditar la gestión del anterior gobierno, una veces manipulando la realidad y otras omitiéndola, con dos fines muy concretos: borrar de la memoria de los coruñeses los logros alcanzados entre todos durante las últimas décadas y dotarse de una coartada ficticia para aplicar la política de la derecha pura y dura.
En segundo lugar, y como consecuencia de la primera, aún desconocemos si tiene o no y cuál es el proyecto de ciudad del actual alcalde. Y esto es lo más preocupante: no saber a dónde nos llevan, ni con qué objetivo. No tener un horizonte sobre el que discutir y en el que participar.
Por supuesto, es preocupante dedicar los primeros cien días a echar el freno a proyectos encauzados y vitales para la ciudad. Esta decisión paralizante es muy propia de aquellos gobiernos que aún no se sienten fuertes para decidir ni para asumir, y menos para reconocer, los logros de quienes les precedieron? Que pasen los meses y luego ya veremos sin van al baúl de los recuerdos o los presentamos como propios. Ejemplos hay: plan general, Ofimático, paseo marítimo?
Sí, es preocupante que se ponga en duda y se juegue con la salud financiera de la ciudad, como ya he dicho ocultando datos y retorciendo otros. Como recientemente comenté en una entrevista en este mismo periódico, no importa lo que diga un partido u otro, importan los datos oficiales del Ministerio de Hacienda y los informes de consultoras independientes, importa lo que dicen el interventor y el tesorero, y lo que dicen es que la Hacienda municipal es fuerte y solvente, tiene recursos y no excusas.
No es menos preocupante querer gobernar solo los días de sol y refugiarse en los gobiernos del pasado durante los días de lluvia. Todo gobierno hereda la gestión anterior, en lo bueno y en lo malo, y su responsabilidad es enfrentarse a ella cuando el tiempo es cálido y cuando graniza. A nadie obligan a ser alcalde, es una elección, con sus días buenos y los días malos, con las decisiones fáciles y las complicadas. El reto es decidir teniendo presente que todos los alcaldes, al margen de colores políticos, tomaron las decisiones que creyeron mejores para su ciudad.
Y por supuesto, es preocupante no tener la capacidad en cien días para asumir el orgullo de ciudad, de una ciudad que se ha construido con el esfuerzo de todos, una ciudad social, abierta, plural, solidaria. Una ciudad cuyo espíritu no surge de la nada, sino que se forja década a década, año a año, con la acción de sus vecinos, sus asociaciones, entidades? y de sus gobiernos.
Somos la ciudad que somos por todo esto y mucho más.
No reconocer lo hecho por todos es minimizar la gran Coruña que somos. Un gobierno que niega los logros de los gobiernos anteriores descalifica la ciudad que lidera y pone en riesgo el espíritu, el carácter y los valores de su ciudad. Negar, omitir o desvirtuar los éxitos anteriores es atacar y debilitar la identidad de nuestra ciudad.
Por eso, y aunque todo lo antes dicho puede ser más o menos preocupante, lo verdaderamente preocupante es impulsar nuestra identidad como ciudad y arroparla con un proyecto ilusionante y realista, marcarnos un horizonte con el que nos identifiquemos para echar a andar sin más excusas.