Dos veces por semana, el alcalde se viste de corto y juega un partido de pádel con sus amigos. Pero ha de salir de su propio Concello. En Aranga no hay canchas de esta especialidad.
-¿Cómo llegó el pádel a su vida?
-Fue hace año y medio por culpa de un primo hermano de Cádiz al que le gusta mucho, lo iba a ver jugar y me acabó gustando. Vi que era un deporte que dada mi situación física [se toca la barriga] lo podía hacer. Aquí en Aranga formamos un grupo de unos doce y vamos a Bergondo los lunes y los miércoles porque en Aranga no tenemos pistas.
-¿Diestro o zurdo?
-Diestro, por supuesto [ríe].
-Su ídolo en el pádel, ¿empieza por A?
-Soy un principiante y lo hago por deporte, no por ser presidente del Gobierno como Aznar.
-¿Dónde suda más? ¿En el despacho o en la cancha?
-En el pádel, ahí descargo todo el estrés que acumulo.
-¿Nunca se le dio lo de pescar viviendo a los pies del Mandeo?
-De niño sí que iba, pero yo dejé de ser niño muy rápido por el trabajo de la familia. Entre el restaurante y el Concello me absorbe todo mi tiempo. Este es ya mi tercer mandato.
-Algo más habrá que el Concello, el restaurante y el pádel.
-Me gusta salir a cenar con los amigos, tomarme un gintonic, para mí es muy importante comunicarme. Tengo un sobrino de siete años, Brais, somos carne y uña. Cuando tengo un hueco libre intento estar con él. Le regalo de todo, hasta un quad. Empezó a conducirlo con tres años.