La biblioteca municipal del barrio del Castrillón, emplazada en la plaza de Pablo Iglesias, fue tomada ayer por multitud de niños que acudieron impacientes para escoger cuáles serían sus nuevos libros. Y es que la biblioteca llevó a cabo una inteligente iniciativa para acercar a los más pequeños a la lectura, ofreciendo mostradores repletos de libros para ellos. ¿El secreto de tremenda convocatoria? Ni más ni menos que el puro trueque de toda la vida. Los niños dejaban allí un libro traído de casa y se llevaban dos. Tal cual, un puro dos por uno. «Es que tenemos tantos libros que dejamos que cambien uno suyo por dos», comentaban operarios de la biblioteca. Dani fue uno de los afortunados que se benefició del intercambio, pero no le llegaban dos libros nuevos: «¡Quiero cambiar este!», decía agitando un cómic de Mortadelo y Filemón.
Eran muchos los pequeños que acudieron acompañados de sus madre, que se mostraban encantadas viendo a sus hijos rodeados de libros. «Da gusto verles así, y no rodeados de videojuegos», comentaba Marta. No obstante, los más lectores volvieron por la tarde con los libros que habían conseguido por la mañana en busca de nuevos ejemplares.
Pero no todo estaba pensado para la asistencia infantil, pues los jóvenes y los mayores también tenían a su disposición dos mesas llenas de libros para intercambiar. «Traje en el coche los libros, está yendo mi cuñada a por ellos», comentaba una mujer apresuradamente, con temor a que le arrebatasen aquellos a los que ya le había echado el ojo.
La iniciativa, que se desarrolló a las once y media de la mañana y volvió a repetirse por la tarde a las siete, iba a llevarse a cabo en un principio al aire libre, pero el mal tiempo provocó que la actividad se trasladase a las instalaciones de la biblioteca. De una manera u otra lo cierto es que los libros lograron reunir a muchos aficionados a la lectura, y lo que es más importante, a otros que no lo son tanto.