La calle acoge tres tiendas dedicadas a la compra de oro al peso
30 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La tradicionalmente conocida como calle de El Corte Inglés, cuenta con un nuevo foco comercial: los negocios de compra de oro. La crisis económica los ha extendido por toda la ciudad, pero en el caso de Ramón y Cajal el fenómeno ha adquirido rasgos singulares. Desde noviembre pasado, mes en el que se inauguró el primer establecimiento de esta modalidad, ya son tres los locales dedicados a comprar todo tipo de objetos que contentan el metal preciado. ¿El motivo? «Es una calle muy visible, con mucho tránsito y mucho comercio, se presta perfectamente a este tipo de negocio», comenta Fernando Illanes, el último empresario del ramo asentado en la zona.
Illanes abrió las puertas de su negocio en febrero. Pertenece a la cadena La Milla de Oro y es el más lujoso de los tres. Un sofá de cuero blanco para las esperas y varios escaparates con piezas de plata y oro reciben al público. Junto a ellos, una mampara blindada al estilo de las ventanillas de los bancos, tal y como exige la policía. «En A Coruña tenemos ya cinco locales», comenta precisando que, en contra de la creencia general, el negocio no prospera tanto por la necesidad de la gente a la hora de vender como por los precios que se obtienen por la venta.
«Se paga más que hace unos años y eso hace que mucha gente se plantee desprenderse de sus joyas», dice sin dar cifras: «Depende de la proporción de oro que tenga la pieza para el precio». Varios portales más allá, en la competencia, un empresario que prefiere mantenerse en el anonimato ofrece un arco de tarifas: «El gramo anda entre los 12 y los 18 euros».
Curiosamente, el comerciante anónimo (pionero en la calle) es, como muchos de los que acuden a su local a desprenderse de sus joyas, una víctima de la crisis. «Soy de Coristanco y me dediqué siempre a la construcción. Empezaron a ir las cosas mal y un compañero que había probado con esto me dijo que era una opción. Y sí, da para mantener el local y ganar algo de dinero, pero tampoco es lo que la gente piensa. Unos meses van muy bien y otros no tanto. Por ejemplo, febrero para mí fue muy bueno y marzo tremendamente malo».
En la misma línea se manifiesta Roberto Carballo, otro ex promotor que terminó tasando oro de carambola. «Llevaba desde los 16 años en la construcción y cuando la cosa se paró me tuve que meter a otra cosa», dice. Carballo se apresura a corregir la imagen que se puede tener desde fuera del negocio: «No es todo lo que suena por ahí».
«Hace dos años -recuerda Carballo- había dos tiendas en la ciudad. La gente iba a ellas avergonzada y bajando la cabeza. Aceptaban lo que les daban. Ahora hay unas 40 tiendas y la gente ya no tiene vergüenza. Mira muchas ofertas y se va con quien mejor pague. Sé que quien entra en mi local va a probar luego en otros. Eso conlleva que se gane mucho menos. Yo he pagado el gramo a 19 y 20 euros para luego venderlo a 23».
Dramas humanos
La gran mayoría de ese oro termina en intermediarios que lo revenden a grupos suizos que lo funden en bloques de 24 quilates, destinado a la venta para inversión. En muchos casos el desprendimiento inicial proviene de la necesidad. «Ayer tuve una señora aquí que tenía que pagar una letra y terminó vendiendo su alianza», comenta el tasador anónimo que asegura que a su negocio llega de todo: «Relojes, pendientes, broches, cadenas, dientes... Todo lo que tenga oro vale».
¿Y cuál es el perfil del cliente? «No existe, se escapa a toda lógica. Aquí entra gente con buena pinta y con mala, mayor y joven, mujeres y hombres», comenta Roberto Carballo antes de atender a un nuevo cliente. Este le trae una cadena.
«Hace años había dos tiendas en la ciudad y la gente iba avergonzada; ahora hay 40 y comparan»
Roberto Carballo