Adiós al «hippy» de la Gaiteira

Javier Becerra
Javier becerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El músico callejero Eugenio Peralta falleció víctima de un cáncer

24 mar 2011 . Actualizado a las 11:54 h.

La cuesta del principio de la calle Gaiteira amaneció con una sorprendente pintada. Dentro de un cuadrado se podía leer Rúa de Peralta. Era la manera que un vecino improvisó para homenajear a Eugenio Peralta, el músico callejero que durante los últimos 17 años hizo de ese punto su lugar de trabajo. El lunes se encontró mal y hubo que hospitalizarlo. Horas después había muerto. Un cáncer de colon, que le estaba echando un pulso desde hacía más de un año, pudo con él.

En cuanto se difundió la noticia en el barrio se multiplicaron las muestras de cariño espontáneo. Ayer aún se podían ver flores y velas en su rincón de siempre. También el gesto apenado de muchos vecinos encariñados de este vagabundo de carácter afable que tocaba la guitarra junto a su perra Estrella. A las dos de la tarde su cuerpo fue incinerado en el tanatorio Servisa. Las cenizas están en el bar San Diego, del que Peralta era un habitual y que ayer cerró sus puertas en señal de duelo.

Carlos Barreiro, propietario del local, se va a hacer cargo de la perra. «Peralta ya vivía prácticamente con nosotros y la perra ahora se va a quedar aquí, que ya nos conoce», explicaba mientras colocaba un nuevo cartel en su local. Este indicaba la misa que, en la memoria de Peralta, se va a oficiar en la parroquia de las Carmelitas. Será el viernes, a las 19.30 horas.

Ese será el adiós definitivo de los vecinos a este soriano que, procedente de Barcelona, se instaló por casualidad en A Coruña tras vagabundear por media Europa. Sus compañeros de viaje se fueron y él se quedó en el barrio de la Gaiteira. No necesitó ver más: «La verdad es que desconozco A Coruña, porque no salgo de la Gaiteira. Si me sacan de aquí me pierdo», admitió en un reportaje sobre su vida que publicó La Voz en el 2007.

Peralta o el hippy, como muchos lo conocían, dormía en una de las pérgolas del parque Europa. Presumía de caer bien en el barrio. Y podía hacerlo. «Fue lo más emblemático de esta zona desde hace tiempo», decía ayer Miriam Sánchez, una vecina que destacaba el hecho de que conectase con niños y mayores. Los primeros le pedían poder tocar a su perra y su guitarra -eléctrica y con amplificador desde hace unos meses-. Los segundos, le arreglaban papeles para poder percibir pensiones, lo llevaban al médico cuando hacía falta o le daban dinero para ir tirando. «Los vecinos están conmigo, siempre me han apoyado», afirmaba Peralta en el citado reportaje.

Fan de Janis Joplin, Emerson Lake & Palmer y Franz Zappa, confesaba no saber tocar. «Yo hago mi ritmo y mi rollo y me entretengo», decía. Y ese entretenimiento contagiaba alegría en una calle que ayer ya lo echaba de menos. «Al venir hacia mi casa como todos los días por esta calle, faltabas tú, pero tu lugar estaba ocupado por flores y velas rojas», escribía una vecina en una carta de homenaje que ayer circulaba en su bar de siempre. «Yo sonreí aunque tu no me vieras. Gracias por cruzarte en mi camino Nunca te olvidaré, hippy», concluía.