La campaña de Egipto

A CORUÑA

07 mar 2011 . Actualizado a las 12:40 h.

Precampaña tras precampaña, y campaña tras campaña, los políticos protagonizan estrepitosas salidas de pata de banco. Ya lo dijo el pronto ex concejal Henrique Tello: «O falar non ten cancelas». Como tratando de confirmarlo, el propio Tello dejó para la historia algunas gloriosas. Otros tampoco quieren quedarse atrás. El candidato del PP a la alcaldía, Carlos Negreira, colgó hace días en su blog una reflexión sobre la cosa local que terminaba así: «Los egipcios llevan 30 años bajo el mandato de Mubarak y su sociedad hacía ya tiempo que había comenzado su declive. Los coruñeses llevamos casi el mismo tiempo bajo el gobierno socialista y también queremos aire fresco. Por suerte, nuestra plaza Tahir es una urna y se abrirá en menos de cien días».

¿Fue Negreira víctima de la emoción preelectoral? ¿le pudo la presión de verse con más apoyos que nunca? Según el último Barómetro de Sondaxe, el candidato sería el más votado de todos los que concurrirán a los comicios de mayo, aunque aún no le alcanzaría para gobernar. Pero cuando escribió en su bitácora no tenía ese dato: El post está fechado el 16 de febrero...

El símil hecho por Negreira no fue especialmente afortunado, pero no es el candidato del PP el único político que en las últimas fechas muestra este tipo de ingenio. Curiosamente, el primero que exigió disculpas a Negreira por sus palabras fue Pedro Armas, el portavoz de la Agrupación Socialista Coruñesa, acostumbrado a soltar la lengua sin pudor. Armas, cuyo jefe directo es Javier Losada, acusó a Negreira de ser un «político sacado del No-Do» y en su penúltima rueda de prensa le llamó cenutrio. Por si acaso algún periodista no le había escuchado bien, repitió dos veces más el insulto.

¿Capitalizarán Mubarak, el No-Do y los insultos la campaña electoral a las puertas? Sería penoso. Primero, porque al margen de sus mayores aciertos o errores, Losada y Negreira ocupan los puestos que ocupan porque así lo decidieron los coruñeses con sus votos. Nada que ver, pues con cómo llegaron y se mantuvieron en el poder Hosni Mubarak o los políticos del No-Do.

Y segundo, y sobre todo, sería lamentable porque lo que esperan los coruñeses es que sus políticos estén a la altura de la ciudad y de los ciudadanos que aspiran a gobernar, que planteen con seriedad sus proyectos para los próximos cuatro años, para que los coruñeses puedan después elegir la opción que más les satisfaga. Más que escuchar sus chascarrillos y ocurrencias, quieren saber qué modelo de ciudad tienen en mente los candidatos, qué proyectos abordarán en materia de empleo o urbanismo, qué medidas articularán para amortiguar los problemas de tráfico, qué planes tienen en cultura, en deporte, en servicios sociales, cómo abordarán los problemas de relación con la comarca, con el tratamiento del agua, con los ruidos, con las terrazas de María Pita o con la gestión de los residuos. Quieren saber, en fin, en qué tienen previsto gastar el dinero de los coruñeses. Lo otro, el chiste, el insulto, solo sirve para convertir lo que tiene que ser una campaña electoral (proyectos, propuestas, alternativas) en una campaña de Egipto. Y esa ya la hizo Napoleón hace 200 años.

Los candidatos deberían hablar menos de Mubarak y del No-Do y más de en qué piensan gastar el dinero de los coruñeses