Décimos que pasan de siglo en siglo

Coruñeses como José Manuel Liaño Flores conservan el número de lotería de Navidad desde hace más de 110 años. La misma particular herencia provoca abonados que llevan las mismas cifras hace 80 o 50 años


A Coruña/la voz.

Todo el mundo recuerda alguna escena cinematográfica con un personaje -generalmente un noble inglés- que explica al visitante que su familia conserva las mismas tierras o el mismo castillo desde hace varias generaciones. La misma histórica transmisión se puede rastrear en un mundo tan tradicional, a su manera, como es esa pequeña sociedad que forman los jugadores de lotería de Navidad. El decano de esta manera de entender el juego como una tradición es el abogado y ex alcalde José Manuel Liaño Flores. Nada menos que más de 110 años lleva su familia jugando al 10296. «Entre 110 y 120 años», concreta. «Comenzó a jugar mi padre, y luego continuó mi hermano mayor y ahora yo». A pesar de que Liaño Flores juega todas las semanas señala que la suerte nunca ha acompañado a ese número. «Nunca ha tocado ni siquiera una pedrea», explica con buen humor. «Lo que pasa es que el interrogante de si tocará alguna vez te hace mantenerte firme. Además se acaba convirtiendo en una marca de la familia», añade.

Otra de las abonadas más veteranas de la ciudad es Elena, cuya familia recoge en la administración La Favorita el 01080 desde hace décadas. «Hace 80 años que mi madre comenzó a jugar a este número. Lo hacía con compañeras suyas de la Fábrica de Tabacos. Luego nos quedamos con él mi hermano y yo». Un poco más afortunados que la familia Liaño Flores, Elena recuerda que su madre cobró un sexto premio hace sesenta años. «Continuamos porque basta que pares de comprarlo para que toque. Y eso que hay meses como el pasado que no salió ni una vez el cero», explica. Y es que las razones de abonarse durante décadas a un número no suelen tener orígenes muy misteriosos. «En mi casa llevamos 49 años con el 16177 porque había dos tías mías que jugaban a ese número, y ellas empezaron porque un día se lo repitieron en la administración por casualidad. Desde ese día lo hemos comprado todas las semanas», explica María Teresa, que también señala que ahora seguirá con esa cifra a cuestas toda la vida. Aunque esta abonada ha tenido sus momentos de alegría gracias a su número privado. «Hace ocho años nos tocó un premio gordito», confiesa.

Además de la familia, el trabajo suele ser otra fuente de este tipo de herencias. Portela -así se le conoce en la ciudad- es un jubilado de Fenosa que continúa comprando el 24366 desde 1979. «Comenzamos un grupo de compañeros de Fenosa, y cuando me retiré en el 2006 yo seguí con él. Al principio eramos más de treinta personas», explica. «Curiosamente un día me enteré de que había tocado en Arteixo, pero en el chollo no comenté nada porque de lo contrario algunos seguro que querían dejar de comprarlo al pensar que había pocas posibilidades de que tocase otra vez un premio gordo», añade con una sonrisa.

Además del trabajo y la familia, otra fuente de abonados son los bares, unas microsociedades muy parecidas a una familia. Uno de esos hosteleros que abanderan una cifra es la cafetería Zas de Rey, que hace 15 años que compra del 26406. La cifra repartió 600.000 euros entre sus clientes en el sorteo especial de la lotería de enero del 2009. No era la primera vez que Roberto Vila, el propietario, era receptor de la suerte. En el 2000 había sido agraciado con dos cupones de la ONCE, con los que ganó diez millones de pesetas. En las cercanías está otra cafetería afortunada, la Noche y Día de la calle Salvador de Madariaga. Abonados desde 1989 al 59118, tercer premio de la lotería del Niño este año. «Ahora vamos a por el gordo». El miércoles se sabrá si da en el clavo.

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