Acaba de nacer un nuevo proyecto musical en un piso de la avenida del General Sanjurjo. El promotor es Alberto Lancina Rouco , de 27 años, al que le quedan unas pocas asignaturas para acabar la carrera de Empresariales. Con 16 años empezó a formar parte de grupos musicales de la ciudad con los que llegó a actuar en algunos de los bares clásicos de la noche coruñesa. «Soy autodidacta. Nunca fui a clase de música pero aprendí de gente que sabe», asegura. Este verano compró por Internet a una empresa alemana todo lo necesario para montar un estudio casero, lo que Alberto denomina home-studio , con el objetivo de grabar las canciones del primer cedé de Náyade, que es como bautizó esta aventura musical que nace en casa. «Siempre me gustaron los nombres mitológicos», explica. Toca la guitarra, canta y graba en su habitación y ya registró cinco temas, dos de los cuales ya colgó en el portal Myspace. Ahí está. No tiene que desplazarse mucho para acudir al estudio de grabación.
Ya es sabido que los betanceiros y las betanceiras celebran una gran fiesta con motivo de su 50.º cumpleaños. En Coirós también. Lo que sucede es que en Betanzos los hombres y las mujeres lo festejan por separado y los que defienden esta tradición consideran que es la mejor forma de que perdure año tras año. En Coirós optaron por una modalidad de cena-baile mixta. «Dos de las personas que empezaron con este movimiento manifestaron que preferían llevar a sus parejas y decidimos hacerlo así», reflexiona Suso Marcote , promotor del encuentro junto con Mari Grandío . En la parrillada As Rodas se dieron cita los (y las) nacidos (y nacidas) o residentes en Coirós, acompañados (o acompañadas) por sus respectivas parejas. Una nueva etapa de una tradición. «Fue una noche perfecta, maravillosa. Mejor imposible. El año que viene repetimos con más gente», asegura Suso, el del Coirós.
Se llama Xaquín Carpintero y desde hace unos días expone con éxito en la galería Arte Imagen de la calle Ramón y Cajal. Bajo el título genérico de Más pintura , este coruñés de la avenida del Ejercito que estudió Bellas Artes en Salamanca presenta una serie de retratos imaginarios de personajes. «Son personas que me atraen. Es un homenaje que les hago aunque al mismo tiempo me pitorreo de ellos», apunta Xaquín, al que le gustaría poder vivir del arte. «Por ahora estoy en el paro», asegura resignado.
Se llama Farruco Mosteiro y expone a unos metros de su casa. Vive en la calle General Mola y cuelga sus cuadros en el Café de Macondo, de San Andrés. «Es una pintura sin condicionamientos que establece una comunicación libre con cada espectador», intenta resumir Mosteiro.