«Hice novias a todas las niñas de A Coruña», dice la modista que cierra un establecimiento que estuvo abierto en la ciudad durante más de cuatro décadas
11 oct 2010 . Actualizado a las 12:14 h.Continúan los toldos rosa, pero desde el 6 de septiembre en Modas Berta, situada en la calle San Agustín, en un lateral de la iglesia de San Nicolás, ya no hay trajes de fiesta en sus escaparates. Es otro clásico que desaparece. Berta Lamuño Vázquez, de 75 años, deja así atrás la confección de ropa, que comenzó en la adolescencia en su pueblo natal, Langreo.
«Llevaba 42 años con tienda en A Coruña, en el mismo sitio llevaba 28, antes estuve muchos años en un entresuelo en la calle Galera, frente a Bonilla», explica y relata sin miedo a errar en la cronología que empezó «a coser a los 13 y a los 17 ya era modista», dice con satisfacción. En Asturias también tuvo negocio, pero al casarse con un vasco que vino a trabajar a Fertiberia se trasladaron a A Coruña. «En Langreo tenía una casa de modas y cosía. Vine para aquí y aunque estuve una temporada sin trabajar, abrí porque no había ninguna», resume para decir que en 1968 en su especialidad, la moda femenina para los enlaces nupciales, no existía casi competencia.
«Hice novias a todas las niñas de A Coruña y muchas de Madrid. Trabajábamos muchas horas, tengo dormido en la tiendo, pero era muy bonito porque también te daba muchas satisfacciones», explica y rehúye hablar de los modelos singulares que salieron de su tienda, aunque «vestíamos para bodas muy importantes», deja en el aire sin especificar más.
«Para mí todas las novias son importantes. Hice trabajos a madres, después a las hijas, a algunas les hice el traje de novia, el del bautizo de las pequeñas, su primera comunión... Cosimos para tres generaciones», reconoce.
Berta puntualiza que de su taller no solo salían trajes de novia o madrina, pero al minuto apunta que «la fiesta es más bonita y me dedicaba más bien a la alta costura. Viajé mucho, iba a Francia, a Italia... Tenías que estar al día y había que espabilarse mucho», explica. Rápidamente apostilla que tenía trabajando con ella a «muy buena gente». «Hortensia estuvo conmigo 33 años, Covadonga más de 20, tuve cortadoras y oficiales muy buenas» e indica que, aunque los escaparates luzcan vacíos, todavía tiene piezas por entregar.
No son los años los que retiran a Berta, ni la consabida crisis, aunque se note. Afirma que su ingreso hospitalario, durante cuatro meses hace tres años, perjudicó al negocio. «La tienda mía cayó desde que yo estuve enferma y tuvimos ocho meses de obras delante de la puerta, que también perjudicó muchísimo», rememora.
Estos días es fácil verla aún en San Nicolás. Se le nota la querencia todavía por el local, del que reconoce que «anduvo detrás» en cuanto supo que lo dejaba una casa de lámparas. No existe relevo generacional para este negocio de modas en el que dice que duró tanto que «ya hice todo lo que se lleva». Como reflexión deja: «Las bases son siempre un traje bien hecho, cambian las mangas, el cuello...»