Los tejados de los edificios se vuelven a llenar con nidos de gaviotas, que se encuentran en su período de apareamiento. Llevan ya un mes, provocando quejas de los vecinos. Locus Avis es la empresa que trabaja para el Ayuntamiento desde el 2006 y se encarga de atender todas las reclamaciones que estén relacionadas con estas aves.
Uno de los encargados de esta labor, Miguel Álvarez, anuncia que en los dos últimos años han conseguido reducir el número de nidos en las zonas habituales: la Ciudad Vieja, Monte Alto, los Castros y la zona cercana a la lonja. Pero lo que va mejorando para unos empieza a perjudicar a otros. Miguel reconoce que están aumentando las quejas en el extrarradio. «Nuestro objetivo es que se vayan definitivamente de la ciudad y vuelvan a su hábitat natural, los acantilados de las islas Cíes y Sisargas, donde hay 10.000 parejas de gaviotas», aclara. Aunque según los últimos movimientos de las gaviotas, los colaboradores del Ayuntamiento piensan que «esto parece el cuento de nunca acabar, porque nadie te dice si dentro de un tiempo van a venir aquí las de las islas, aunque se vuelvan allí las de la ciudad».
Según este operario, les atrae el área urbana porque «es más cálida y apenas tienen depredadores», por lo que entienden que la finalidad de su trabajo es «hacerles entender que aquí no van a estar tranquilas». Como muy bien refleja Miguel: «Es un trabajo de chinos». Pero los esfuerzos del Ayuntamiento, gracias a la labor de Locus Avis, dan su fruto. En estos cuatro años que han trabajado conjuntamente, han pasado de retirar 1.700 nidos el primer año a unos 900 la última vez, y no porque hayan trabajado menos, sino porque el numero de denuncias ha disminuido. Este año ya han recibido 600, de las que llevan atendidas 465 y según los cálculos de los operarios «las cifras no serán mayores que las del año pasado». Además, los expertos en esta labor, no conformes con esto, siempre comprueban que hallan desaparecido realmente los nidos. El procedimiento es el siguiente. La primera vez que atienden una denuncia, hablan con los interesados, que han llamado previamente al 010; luego con el presidente de la comunidad de vecinos; después con el portero, en caso de que lo haya, y también con los del piso más alto. Después de preparar la actuación, dos de ellos se ponen unos guantes, un chaleco y el arnés, y suben al tejado a retirar el nido. «En esta primera mitad de la temporada de nidificación, las crías todavía no pueden volar, así que las llevamos a una reserva cerca de las Sisargas hasta que pueden -explica Miguel-. En cambio, los nidos se tiran porque no dejan de ser un cúmulo de basura». Este operario quiere quitar el miedo a las gaviotas aclarando que en cuanto te acercas se van volando y que no son agresivas: «Pueden revolotear un poco sobre uno, pero nunca van a picar». Sin embargo, algunos residentes en la Ciudad Vieja no opinan lo mismo. Manuel Fariña ya ha tenido que quitar pollos del patio de su casa, después de haberse caído del tejado, y confiesa que le picoteaban: «Se están volviendo carroñeras, porque además matan a las palomas». Otra vecina, Merche Aradas, también da fe de que la Ciudad Vieja es una de las áreas afectadas, pero ya se da por vencida. «¿Qué podemos hacer? Todos los años pasa lo mismo», exclama. Además esta mujer tiene que tapar su tendal con un plástico en esta época del año para evitar que se manche la ropa con los desechos de gaviotas. También se quejan los dueños de los coches que se ensucian por el mismo motivo en apenas una hora. Pero todos coinciden en que siempre que han llamado al Ayuntamiento, alguien acudió a quitar los nidos.
«Pero que no las maten»
Los vecinos de Monte Alto califican a la calle Forcarey como una de las que tiene más problemas con gaviotas. «En el número 25 hay muchas chimeneas viejas que se convierten en criaderos. Están todo el día chillando y manchando», comenta Josefa Prado, mientras que una amiga suya del barrio sale en la defensa de estas aves: «Que las quiten, pero que no las maten», exige.