Sin derrotas anteriores frente a Soderling, sin caer antes de las semifinales de un grande desde el 2004 y con el mejor tenis de la época, la derrota de Federer supone una sorpresa. Porque es tanto lo que le ha dado al tenis que cualquier desliz llama la atención. Ahora bien, solo un ignorante podría hablar del declive del maestro.
Ganado todo cuanto podía imaginar, que nadie cuente con Federer para encadenar ahora 12 títulos en una temporada, la burrada que consiguió en el 2006. Ni necesita ganar torneos menores ni encuentra ya la motivación para jugar cien partidos al año. Por eso ha ido dosificando el calendario desde hace un tiempo, y tantos le han ido imitando. Pero no hay otro como él, así que en los majors , como acostumbra (el Open de Australia no lo ganó hace tanto), iluminará cada partido con un tenis elegante, variado e imprevisible.
¿Hasta qué punto es una tragedia para Federer perder con Soderling en cuartos de París? El sueco no es el outsider que tumbó la temporada pasada a Nadal. Hoy ya se curtió en mayores batallas en las grandes citas, aunque conserve, eso sí, ese carácter avinagrado, sin carisma, que le impide ser popular. El sorteo quiso que el suizo se encontrara con él en cuartos, en el cruce más potente. Ni el rival de Nadal (Almagro), ni el de Djokovic (Melzer) ni los otros dos cuartofinalistas (Youzhny y Berdych) son tan peligrosos como Soderling.
El suizo, aunque se ganó la consideración como el mejor de la temporada pasada también en tierra con los títulos en Madrid y Roland Garros, no tiene en la arcilla su principal hábitat. Disfrutemos de Federer; no le pidamos imposibles. Ayer rompió una racha de 23 torneos del Grand Slam alcanzando al menos las semifinales. Sin saber de lesiones, de calendarios ni de excusas, nunca falla. Permitámosle un desliz. Valoremos la dificultad de todo cuanto ha conseguido.