Cuando el paso de cebra no funciona

Bea Abelairas
Bea Abelairas OLEIROS/LA VOZ.

A CORUÑA

A Laura Carreira y a su hermano David los atropellaron hace seis meses en un paso de peatones con semáforo de A Pasaxe; todavía no se ha recuperado de las lesiones

20 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El pasado ocho de diciembre Laura y su hermano David cruzaron por el paso de cebra de A Pasaxe más cercano a Oleiros, pero nunca llegaron a la otra acera. Un coche se les echó encima y los envió al Chuac.

Laura, de 25 años, estuvo cerca de un mes en el hospital, sufrió una doble operación que la dejó dos meses en silla de ruedas y sigue pasando las mañanas con sesiones de rehabilitación. Su hermano, de 32, salió disparado y a pesar de que rodó por el capó del coche que lo arrolló «como en las películas» solo tuvo heridas en una rodilla.

Ella se fracturó una pierna, un brazo, tuvo que recuperarse de una quemadura importante en la espalda y, sobre todo, de un susto que va a tardar en olvidar. «El semáforo estaba estropeado y empezamos a cruzar cuando se paró un coche, pero vino otro por detrás que lo lanzó hacia nosotros», recuerda. Para esta profesora de la piscina municipal de Oleiros la escasa visibilidad de este paso de peatones -ubicado en la zona coruñesa del puente y en el carril hacia Oleiros- pudo estar detrás del siniestro, que tuvo lugar a las siete de la tarde, cuando todavía no estaba muy oscuro. De hecho, recalca que siempre le pareció un lugar poco adecuado para atravesar la calzada, pero era la ruta que realizaban habitualmente para regresar a su casa.

Respeto a las rotondas

Laura apenas ha tenido secuelas psicológicas después del accidente, aunque reconoce que tardó en atreverse a cruzar la calle y que cuando pasa por una rotonda se le acelera el corazón. Está deseando volver a dar clases de natación o a las sesiones que imparte como entrenadora personal, aunque todavía no tiene movilidad en un hombro por todos los meses que ha tenido que estar escayolada.

«Ahora no solo miro que pare un coche, también que lo haga el que viene detrás», dice en el barrio santiagués de Fontiñas, donde ha pasado la convalecencia, a pesar de que lleva desde que comenzó a estudiar INEF, hace siete años viviendo en A Coruña. Lo único positivo de la vivencia es la rapidez con la que le prestaron ayuda: «Mi hermano reaccionó muy bien, pero en tres minutos ya estaban allí todos: ambulancia, bomberos...».

Laura le ha cogido un pánico comprensible a los pasos de cebra que están en zonas complicadas o con semáforos que suelen averiarse, como el que no funcionó en su caso. Por eso tiene claro que la policía debería tener «muy controladas» los ubicados en zonas urbanas o, directamente, suprimir aquellos que pueden generar este tipo de situaciones.

«Yo quitaría los pasos de cebra con poca visibilidad, creo que es más seguro cruzar por cualquier otro lugar», explica, al tiempo que insiste en que a menos que se incremente el «control», estos espacios se convierten en una trampa para los peatones. De hecho, apunta que existe otro en las inmediaciones del lugar en el que la atropellaron que también es muy peligroso y en el que ha habido otros siniestros. «En el de la parada de buses hacia Oleiros los coches no tienen visibilidad y puede repetirse lo mismo», advierte.

Más precaución

Laura no ha tenido mayores problemas para superar el miedo a los coches, pero reconoce que ha gastado muchas horas poniendo en orden todo. Tiene claro qué reivindicar al resto de peatones, conductores y autoridades competentes: «Todos deben tener más precaución, estar más atentos y tener más vigiladas las zonas para atravesar la calzada, es el único remedio que creo que puede funcionar de verdad».