Los chatarreros hacen su agosto con el grupo de más de 70 casas expropiadas por la ampliación de esta vía, de las que retiran todo el material que pueden aprovechar
01 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Desde hace unos meses, transitar por la N-VI, desde el tramo que va desde San Pedro de Nos hasta O Carballo, dentro del término municipal de Oleiros, da la impresión de estar cruzando un pueblo fantasma, con la gran mayoría de sus casas deshabitadas, desconchadas, sin puertas, ni ventanas. No es que los moradores hayan huido despavoridos por algún tipo de amenaza, sino que en realidad se han mudado. La razón es que todo hace indicar que el Ministerio de Fomento comenzará definitivamente las obras de ampliación de esta vía, unos trabajos que acumulan más de un año de retraso sobre las previsiones iniciales. Los últimos residentes de estas 70 viviendas afectadas abandonaron sus domicilios a principios de este año después de cobrar las correspondientes indemnizaciones. A partir de ese momento, los residentes de la zona que no fueron expropiados empezaron a comprobar cómo las viviendas de sus ex vecinos iban perdiendo elementos como puertas y ventanas, sobre todo si eran de aluminio, además de algún que otro electrodoméstico e incluso utensilios de jardín que todavía no habían sido retirado por sus dueños. Ante esta situación, los vecinos de la zona denunciaron la situación en varias ocasiones, pero estas acciones continuaron produciéndose. Los residentes apuntan a un asentamiento de familias de etnia gitana dedicadas a la chatarra como responsable de estos actos, aunque nadie se atreve a mencionar palabras como pillaje o hurto, «ya que las casas están vacías y sus propietarios debidamente indemnizados», apuntó un vecino. Al entrar en algunos de estos inmuebles llama la atención comprobar que en la mayoría de los casos, los responsables de desnudar estas viviendas se centraron en elementos como los cables de electricidad, tuberías y cerraduras, dejando otras piezas que también podrían tener interés como ornamentos de madera, sillones o libros. El ejemplo más evidente es la antigua residencia de ancianos, en la que todavía queda algún que otro expediente y documentación del seguimiento de los internos, además de montones de ropa, zapatillas y gafas apiladas encima de los sofás de escay. Da la impresión de un desalojo precipitado y de que los ancianos no les dio tiempo a recoger sus pertenencias.