«Este es un lugar tranquilo, sin que nadie te moleste o te robe y en el que todos nos ayudamos»

La Voz

A CORUÑA

Youssef es uno de los marroquíes que se asentó en la falda de paseo marítimo. Y no por ganas. Su historia, la que él cuenta, es la de un hombre de 30 años que buscó fortuna fuera de su país y encontró penuria. Al principio se las veía feliz. Nada más llegar a Lleida, hace casi cinco años, se benefició de los últimos coletazos de la construcción. Todavía había sueldos de 4.000 euros al mes y Youssef no sabía ni en qué gastar tanto dinero. «Tenía casa, coche, buena ropa...», recuerda. Pero la caída del ladrillo le golpeó el bolsillo y no tuvo otra que cambiar de pola.

Encontró trabajo en la hostelería como ayudante de cocina en un hotel situado en una estación de esquí de Cataluña. Como prueba, muestra una fotografía que le hicieron entre fogones. Allí se enamoró de una gallega de Santiago. Sobra decir que en verano no hay nieve y cuando salió el sol decidió, junto a su pareja, buscarse la vida en Galicia.

Pero la relación se torció y su suerte todavía más. Perdió un trabajo en Noia, buscó otro en A Coruña y no lo encontró. A quien sí encontró fue a un compatriota que le dijo que de vivir en la calle no había mejor lugar que bajo el voladizo del paseo marítimo, «un lugar tranquilo, sin que nadie te moleste o te robe y en el que nos ayudamos».

Pero está deseando dejarlo. Ahora cuenta las horas para que llegue el 10 de mayo. Ese día cumplirá cinco años en España y ya podrá tener la residencia permanente en el país. Pero no crean que la quiere para quedarse, pues tiene planeado regresar a su país, donde a su familia no le va nada mal. Tienen una casa de 380 metros cuadrados, su padre es propietario de un autolavado y su hermana una gran peluquería en la que él trabajaba y presume que diariamente se llevaba para casa 20 euros, que al mes eran 600, un gran sueldo en Marruecos.

Todo eso, resumido, se lo contó a la técnica de Servicios Sociales que ayer visitó la zona. Su situación legal, con residencia temporal, le posibilita acceder a una plaza en la residencia de Padre Rubinos a la espera de ese regreso a Marruecos que tanto desea.