La cumbre de ministros de la Unión Europea originó una intensa labor en los días previos tanto en las calles de A Coruña, para extremar las medidas de seguridad, como en los fogones de Pablo Gallego, restaurador encargado de preparar la cena de ayer en los salones del palacio de María Pita.
El centro de operaciones estaba en la nave cullerdense de Almeiras. De allí salieron alrededor de unas doscientas raciones de lubina con salsa de verduras, el mismo número de vieiras al horno y las dosis correspondientes de bizcocho de chocolate con helado de queso. Todo en furgones precintados y custodiados por la Policía Nacional.
«Levamos dende o xoves limpando o pescado», señalaba Tino Otero, uno de los cocineros encargados de preparar la cena de gala bajo la supervisión del propio Pablo Gallego. Pero algunos comensales exigían modificaciones en la base del menú. «Temos varios celíacos e algún vexetariano, ao que lle preparamos un panaché de verduras e unha ensalada. E por se hai algún alérxico ao pescado levamos algunhas racións de solomillo», explicaba Otero.
En un servicio de cátering como este los controles sanitarios son especialmente celosos. Pero algo tan excepcional como una cumbre europea multiplica las medidas. Así, Sanidade controló directamente las asépticas instalaciones de Culleredo y el material de la cena de ayer. Todo bajo control.
-¿De dónde son las vieiras?
-De Ferrol non.
Tino Otero lo dice riendo. «Nós mercámolas xa limpas». Los ministros no se pelearán con el equilibrio de la concha de la vieira. «Non hai conchas, de aquí saen emplatadas», aclaran los cocineros.
Curiosidades
Pasada la una de la tarde, Pablo Gallego llama para preguntar por los pormenores. «Está todo listo», responde Otero. A esa hora, los cocineros ya están con la macedonia del postre. Al rato, les toca a ellos mismos el turno de la comida y, como es habitual, comerán parte del material de trabajo. «Nos hemos preparado las colas de lubina, los cocineros somos buenos de conformar», señala Teo Triana, el otro de los cocineros titulares en esta operación tan especial. Porque la comida y los grandes eventos han escrito muchas páginas repletas de curiosidades. «Nos Xogos Olímpicos de Barcelona a comida xa estaba preparada seis meses antes, custodiada nunhas naves 24 horas ao día e foi servida despois de moitas análises previas», recuerda Otero.