Poco tiempo después de fundarse en nuestra ciudad la Asociación Pablo Ruiz Picasso, los integrantes de la misma acordaron, por unanimidad, nombrar socio de honra a Gerardo Porto. Corrían los años noventa del pasado siglo (la entidad picassiana había echado a andar en 1991) y Porto repartía su tiempo artístico y personal entre su trabajo en la televisión holandesa y su añorada ciudad natal.
Durante sus estancias coruñesas (cada vez más prolongadas, producto de su apego a la tierra madre), acudía cada semana a las reuniones que, en distintos locales, celebraba la asociación para intercambiar opiniones y pareceres.
Gerardo nos traía siempre alguna novedad no solo sobre sus ilusiones y proyectos pictóricos (el famoso pirulí rebautizado como Millenium del paseo marítimo, los arcos de Los Rosales, sus exposiciones en recintos municipales, en Atlántica -donde Salvador Corroto lo acogía con auténtica pasión-, en Caixanova, murales del Casino, cristaleras de la plaza de María Pita, el vidrio del grupo Van Tetterode en el Club Financiero, siempre con la ilusión de devolver a la urbe su antañona denominación de ciudad de cristal y crear incluso una escuela para formar especialistas en vidrio. En suma, toda una tormenta de ideas que se iban plasmando gracias a su contrastada férrea voluntad.
Casado en ese país milagro que es Holanda con la dama holandesa Elizabeth Christine Leblanche, desarrolló su arte muralista en la televisión instalada en Hilversum, localidad en la que nacieron sus cuatro hijos. Como ceramista, el artista coruñés colaboró con Isaac Díaz Pardo en la Cerámica de O Castro-Sada. Nos contaba él durante su última estancia coruñesa que recorrió varios países para formarse adecuadamente en este arte y en Vallaurís intentó acercarse a Picasso, batalla perdida de antemano, pero que le sirvió para adquirir allí varios platos firmados por el pintor malagueño, «que guardo -dijo- para mis hijos».
En diciembre nos visitó por última vez ya aquejado de la enfermedad que lo ha llevado a la tumba. Aún tuvo la fortaleza de anunciarnos un próximo retorno, que tristemente se cumplirá pero ya para descansar eternamente.