El «Checkpoint Charlie» de Meicende

A CORUÑA

Hoy es uno de los lugares de visita turística inexcusable en Berlín, pero durante muchos años, hasta 1989, el Checkpoint Charlie fue el paso fronterizo entre la zona de control estadounidense y la soviética de la ciudad, un lugar vigilado por un nido de ametralladoras y sacos de arena creado tras la repartición de la urbe entre las potencias aliadas. La versión coruñesa del Checkpoint Charlie está en Meicende, paraje conocido por alojar una refinería y otras industrias que generan buena parte de la riqueza de la comarca. Allí no hay ametralladoras, ni soldados de reemplazo que vigilen quién atraviesa hacia uno y otro municipio, solo personas inocentes, pues no han cometido delito alguno, viviendo en el limbo administrativo. Pagan sus impuestos, pero a la hora de pedir cuentas nadie sabe, nadie contesta...

Desde 1924, muchísimo antes de la creación del Checkpoint Charlie original, A Coruña y Arteixo mantienen un litigio ?la llamada guerra de los lindes? sobre parte del territorio de Meicende, en el que en el año 2008, según los datos oficiales del censo, vivían 3.616 personas. Casi la mitad de ellas se encuentran, de facto, en tierra de nadie: como contaban algunos vecinos a La Voz, «no sabemos a qué municipio pertenecemos, a qué médico ir y qué Concello debe prestarnos los servicios». La consecuencia de esta situación kafkiana es la falta casi absoluta de equipamientos, y de responsabilidades de las administraciones. La recaudación de las haciendas locales funciona de cine, pero cuando se presenta un problema, los ayuntamientos miran para el otro lado... del checkpoint. El caso del incendio de las naves de la Artística, el pasado 11 de mayo, es paradigmático: nadie sabía quién tenía que apagar el incendio.

El pasado domingo, la asociación San Xosé Obrero marcó con una pegatina los negocios y casas de la zona que, según los planos del PGOM coruñés, pertenecen a uno y a otro ayuntamiento. El mensaje fue claro: «No queremos que los ayuntamientos se interesen solo por el cobro del IAE, sino que miren por las carencias de la población y se busque la mejor solución para los vecinos».

La aprobación inicial del plan urbanístico coruñés, y la tramitación de otros en concellos limítrofes, ha vuelto a sacar a la luz la existencia de estas guerras de lindes, en las que las víctimas son vecinos de A Coruña, Arteixo, Oleiros, Cambre o Culleredo.

Los responsables de estos ayuntamientos discuten ahora sobre la cuota de poder que tendrán en el futuro ente comarcal. Antes, deberían centrarse en resolver este dislate fronterizo, porque en la Gran Coruña que se proyecta no debe haber espacio para conflictos aduaneros, ni deben existir, ni siquiera en la imaginación de nadie, ciudadanos de primera, de segunda y de tercera. Y muchísimo menos, no-ciudadanos, que es como se sienten muchas veces, y sobre todo cuando llaman a la puerta de su supuesto ayuntamiento (el que sea) los parroquianos de lugares como, por ejemplo, Meicende.