Más usado que el de Papá Noel

A CORUÑA

El trineo luminoso instalado a las puertas del Ayuntamiento se ha convertido en una atracción para los más pequeños

12 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«!No me quiero ir! !No me quiero ir!». El que exclama es Óscar, un niño de cuatro años hipnotizado por las luces del trineo navideño instalado delante del Ayuntamiento. Junto al gran cono-árbol de Navidad del Obelisco, se ha convertido en la estrella inesperada de la decoración navideña de este año. Las colas para subirse a él y, una vez arriba, sacarse una foto son constantes a lo largo del día. Y, claro, cuando se le coge gusto al asiento, ocurre lo que le pasa a Óscar, que cuesta marcharse.

Para ello, los padres se inventan trucos disuasorios. María Jesús López, la madre de Catuxa que ronda los dos años, tuvo que apelar a un clásico de estas ocasiones. «Le dije que íbamos a ver a los reyes, que estaban dentro del Ayuntamiento», comenta. No tuvo que mentir. Minutos antes se había inaugurado el belén municipal con sus respectivos Melchor, Gaspar y Baltasar. «A los niños les encanta, es todo un éxito. Será por las luces, que les llaman la atención, me imagino», apunta María Jesús.

Con este trineo ocurre algo similar que con el dragón gaudiniano del parque Europa, que actúa como un imán para los niños. «Es que lo ven y ya se echan a correr», dice Sofía Grama con varios juguetes de sus críos en las manos. Los han dejado a un lado en cuanto pisaron la plaza.

Ya tiene fotografiados a sus dos retoños convenientemente sentados en el trineo. El más pequeño, Marcos, tira de las cuerdas con un estilo entre Cowboy y Papá Noel, pero hay un fallo. «!Mamá no anda!», grita mientras agita las cuerdas con más fuerza todavía. La madre le explica que hay que saberlo hacer, que el animal solo responde a las órdenes de Papa Noel. El reno permanece inmóvil ante la frustración del pequeño. Su hermano Iván se arrima para que más niños de la cola puedan sentarse. Caben cinco. Puede que hasta seis.

A los lomos del animal luminoso se encuentra Victoria, que también agita con fuerza la cuerda. Fernando y Rosana, sus padres, dicen que el trineo es lo mejor de la iluminación de la plaza. Cuando la retiran del sitito Victoria se enfada y no quiere hablar con nadie. Al menos, no llora como otros que abandonan el gran éxito de la temporada a lágrima y llanto vivo.