Una saga de armadores

A CORUÑA

Su trayectoria ha estado ligada al nombre «Jundiña», que han llevado sus barcos, y a la renovación constante de una firma que defiende el Puerto coruñés como su base

02 nov 2009 . Actualizado a las 12:34 h.

Ambos se definen como armadores sin dudarlo. La casa armadora a la que están ligados la inició en 1945, en el puerto de A Coruña, Severino Lago Montenegro, el suegro de Ángel Ares, con el que trabajó sin descuidar su labor en la Maestranza de Artillería.

«Lo hice compatible, pero eran tiempos muy duros, eran barcos del día, entraban diariamente. Salían a las tres de la mañana, regresaban cerca de la medianoche con el pescado y había que venderlo por la mañana», relata Ángel Ares, que reconoce que su suegro delegó en él tras ingresar en la familia, pero que mantuvo su otro empleo para poder conservar su parte de independencia.

«De un barco de madera pescando en el litoral, fuimos renovando a barcos de acero, pescando en el Gran Sol, en esta última fase con una unidad pesquera con la que comenzamos a congelar las capturas, aunque sin olvidar la época de los 80 en la que fuimos pioneros en comprar barcos con pabellón británico», resume Severino Ares la trayectoria de la saga. Comenta que lo que se mantiene invariable es parte de la denominación de su pesquero. «El primero fue Jundiña, luego Nuevo Jundiña y ahora Novo Jundiña», explica. El barco actual tiene ocho años y se construyó en Burela. También llegaron a bautizar con ese nombre a su captura más exótica, una foca, en el año 1969. «Venían los colegios a verla, la teníamos en una tina, hasta que luego el comandante de Marina intercedió para que fuese cedida y expuesta en el Playa Club», recuerda Ángel Ares, que comenta que se escapó un día y, en vez de al mar, se fue a Os Castros.

El ya jubilado armador se muestra satisfecho de los tripulantes que ha tenido en todo este tiempo, de que siempre formaran una gran familia, algunos con más de 30 años trabajando en su barco, y que nunca tuvieran ningún incidente grave. También destaca que siempre se optó por descargar en A Coruña. «Pocos pueden decir que han aportado 60 años de descarga como hacemos nosotros», indica orgulloso.

La labor de Severino al frente de la empresa, por motivos familiares, con solo 18 años, le supuso ir abandonando poco a poco su carrera en Aparejadores, pero defiende convencido su apuesta por la empresa familiar. «Ahora quedamos pocos barcos y armadores si lo comparo con los que había cuando comencé. Entre las limitaciones y la falta de continuidad en las empresas, es difícil que haya relevos, yo tuve a mi favor que me dejaron hacer», destaca Severino, que reconoce que aunque en la pesca nunca es fácil, en estos momentos es especialmente difícil. «El año pasado con los precios de gasóleo ya fue malo, pero este padecemos la crisis financiera y la mundial, y el precio del pescado está bajo mínimos», destaca y reconoce que su fuerte es la cigala, tanto que algunos restaurantes ponen el nombre del barco en la carta.

Severino no solo es armador, también preside la asociación Pescagalicia-Arpega-O Barco, en la que se agrupan 65 armadores, y la lonja coruñesa. Apunta que aunque le gusta el mar, le tira más la coordinación en tierra y destaca que para la pesca tiene una lancha «con la que voy con el hijo, pero la pesca deportiva es otra cosa».