«Cuando hice mi primer edificio perdí un pleito y tuve unas críticas terribles en la prensa»
A CORUÑA
Antonio Lamela recuerda el importante papel que tuvo su padre en los primeros años de su formación: «Mi padre era un industrial modesto, muy innovador. Y como había tenido malas experiencias con arquitectos e ingenieros industriales un día me dijo que hay tres maneras de arruinarse en la vida: con las mujeres, la forma más divertida; con el juego, la más apasionante, y con los técnicos, que es la más segura. Como no quería que yo arruinase a los clientes, quiso que me convirtiera en promotor, constructor y técnico». El padre puso el dinero y él hijo hizo el resto, desde buscar un terreno, en el número 10 de la calle Segovia, hasta diseñar el edificio, un proyecto firmado por otro arquitecto «porque yo era alumno de segundo curso».
-¿Y cómo salió?
-Allí tuve un pleito, con una vecina, que teóricamente tendría que haber ganado pero lo perdí porque no podía esperar a que el Tribunal Supremo me diera la razón al cabo de 8 o 10 años. También empecé a tener una pésima crítica en la prensa: Díaz Cañabate hacía unas críticas terribles de mi edificio. Aquello pensé que era una desgracia, pero al cabo de los años fue muy beneficioso.