Fue la atracción de la jornada festiva. No solo de los atrevidos bañistas que decidieron darse un chapuzón en esta época, sino también de los cientos de coruñeses que se animaron a dar un paseo por el Parrote. Las había por todos lados, grandes y pequeñas, de color morado y transparentes las crías. Estaban en la dársena de la Marina, también en el Parrote y en el muelle deportivo del Club Náutico. Y en todas partes lo mismo: cientos de curiosos agolpándose en las barandillas.
Los testigos femeninos que se encontraban tumbados en las rocas del Parrote, al sol de octubre, ya avisaban que no se iban a meter en el agua. Y, es que, en cuestión de prevenir, las mujeres siempre fueron mucho más precavidas que el sector masculino. Prueba de ello fue que más de uno recibió el castigo de su atrevimiento y tuvo que acudir a la farmacia para que le aliviasen el picor.
La hazaña del día
Pero, sin duda, la medalla al valiente del año se la llevó Carlos Brea Eiroa, que se metió en el agua entre las pelagia noctiluca. La escaramuza agolpó a más curiosos que veían como el hombre apartaba las medusas mientras nadaba. Iba dispuesto con el kit de supervivencia completo: una bolsa de plástico en una mano y un cartón de leche, abierto por la mitad, en la otra. Desde arriba, el numeroso público que presenciaba la hazaña esperaba el momento en que una de las medusas le picasen para soltar el clásico chascarrillo: «Estaba visto».
Pero no. El valiente cazador de medusas logró su hazaña. Con más maña que ímpetu consiguió introducir la viscosa especie en el cartón de leche. Aunque un compañero suyo le fastidió la faena al llegar a las escaleras y la soltó: «Claro, listo. Y ahora cómo la vas a coger, ¿con la mano?», le recriminó el héroe, que tuvo que volver a introducirla en el cartón.
-Pero, ¿está buena el agua?, le preguntó un incrédulo mirón, asombrado por la valentía del protagonista.
-«Está buenísima», respondió el valiente bañista, que pudo mostrar al público su trofeo. Al final, los niños, que era para quien Carlos Brea había realizado la hazaña, casi se quedan sin ver la medusa.
Por la playa del Orzán y Riazor todo estaba mucho más tranquilo. En el agua apenas había medusas, aunque algunos bañistas las vieron muertas por la arena. «Yo me bañé hoy cinco veces y no vi ninguna», comentó uno de ellos, que acababa de salir del agua.