Una mujer, vecina de Palavea, se marcha sin pagar de varias peluquerías de la ciudad después de solicitar completos tratamientos de belleza
08 oct 2009 . Actualizado a las 10:53 h.Si es cierto el refrán de que cada maestrillo tiene su librillo para afrontar la crisis económica, la necesidad o el vicio puede convertir en catedráticos a aquellos que cuenten con una enciclopedia edición facsímil. Es el caso de una mujer de Palavea que se ha aficionado a irse sin pagar de las peluquerías coruñesas, después de recibir tratamientos completos de belleza.
Esto es lo que le sucedió el pasado lunes a Pablo Lourido, propietario de Lourido Peluqueros, en la calle Juan Flórez. Una mujer se presentó en su establecimiento para realizar el kit completo: teñir, mechas, cortar, peinar y mascarilla. Por eso de que la crisis no le pillase con esos pelos. La fiel seguidora de la canción de Melody, que al principio no provocó las sospechas del propietario, poco a poco fue dando pistas de su intención: «Se nos pasó por la cabeza que no iba a pagar, porque decía muchas incongruencias: hablaba sola. La verdad es que estaba como una regadera», asegura Lourido.
Pero ni corta, ni perezosa y una vez que terminaron de ponerla a punto, la clienta no se amilanó al confesarle al dueño de la peluquería que no tenía ninguna intención de pagarle: «¿Y qué me van a hacer, me van a apresar?», sentenció la presumida deudora. Fue entonces cuando el propietario del establecimiento le cerró el paso y avisó a la policía para denunciar los hechos. Una vez que los agentes se acercaron a l a peluquería, la clienta se negó a identificarse, por lo que tuvo que ser trasladada a comisaría.
Pablo Lourido, que se mostró decidido a denunciar el hecho, es consciente de que al tratarse de una falta no tendrá mayores consecuencias: «Si no timan más de 400 euros, no hay delito. Pero tengo claro que esto no puede quedar así, al menos, el resto de las peluquerías deben estar informadas».
Un timo cada quince días
Y es que la protagonista de Antes muerta que sencilla, no es la primera vez que actúa. Según le comentó un cliente a Lourido, lo hace cada quince días desde hace más de un año -por eso de que las canas se van asomando por la raíz del cabello-, y siempre estrena peluquero. Además, Pablo Lourido comenta que esta vecina de Palavea no llama la atención por su aspecto. La describe como una mujer de baja estatura; y que, en esa ocasión, vestía vaqueros y una chaqueta de piel.
Esta habitual de las peluquerías es rubia platino y lleva media melena. Pero si se caracteriza por algo es por no tener la dentadura en óptimas condiciones: «Le faltaban piezas y tenía algunos dientes picados», reconoce Lourido, en su afán de que el resto de peluqueros identifiquen a la impostora.
No era la primera vez que le sucedía algo así al propietario del establecimiento de Juan Flórez. Hace dos años, una mujer tampoco le quiso pagar las extensiones que el peluquero le había puesto. En total, la presumida clienta le timó casi 80 euros en tratamientos de belleza. Una cifra que en los tiempos que corren no deja de ser interesante. Ahora Lourido tratará de que no le vuelvan dar gato por liebre, por mucho que el cliente se vista de Gucci.