«Aprendí a leer con Astérix y Tintín»

Es el ganador de la última edición del Premio Castelao de Banda Deseñada, un reconocimiento a una dedicación plena a la ilustración en todas sus vertientes


Nació en Catoira, pero hace ya ocho años que llegó a A Coruña para desarrollar aquí su carrera profesional como ilustrador. Y la cosa no ha ido mal, ya que Daniel Montero acaba de ganar la quinta edición del Premio Castelao de Banda Deseñada de la Diputación, con su obra Sen mirar atrás. Todo comenzó con los cómics: «Aprendí a leer con Astérix y Tintín. Me los compraba mi padre y me los leía. Incluso, si los pillaba yo, me quedaba embobado con los dibujos, imaginándome una historia por mi cuenta. Después, llegaron los superhéroes», recuerda el dibujante que, actualmente, desarrolla sus ideas en el estudio coruñés Baobab, junto a otros seis artistas gráficos.

Pasó su infancia dibujando, copiando personajes de los tebeos que llegaban a sus manos o de los videojuegos: «Todo lo que veía lo pasaba a papel. Era un hobby, pero cuando vi que había gente que se ganaba la vida con esto me lo empecé a tomar más en serio». A pesar de sus comienzos autodidactas, pasó por Belas Artes y la Pablo Picasso: «Es cuestión de dedicación, nadie nace sabiendo dibujar. Además, allí conocí a mucha gente con las mismas inquietudes que yo». Estos contactos le llevaron a organizar el Salón del Cómic de Cangas.

A pesar del buen momento que vive el cómic en Galicia, tuvo que desempeñar diferentes empleos mientras iba enviando sus trabajos a las editoriales americanas. Pero pronto empezó a trabajar en lo suyo: «Terminé en la productora Dygra, y el cómic quedó en segundo término». Tras cuatro años dedicado a la animación pudo volver a ocuparse de sus proyectos, entre los que está el diseño de uno de los murales del viaducto de San Pedro de Mezonzo.

En su blog (danimontero.blogspot.com), ya ha colgado algunas viñetas del todavía inédito Sen mirar atrás, donde pueden verse a los protagonistas. Entre ellos, un perro que ya salía en otros trabajos de Montero, como el cuaderno de su viaje a Túnez: «Es mi perro Toby. Y lo de los viajes deriva de que siempre voy con una libreta, tomando apuntes de donde estoy», asegura con su Moleskine en una mano y una cartuchera con un sinfín de rotuladores en la otra.

Sus planes de futuro pasan por esperar a la edición de su obra premiada y lo que pueda venir detrás: «Desde luego que tengo mil historias en la cabeza, y espero que el premio sea un empujón para poder publicarlas con más facilidad», concluye el dibujante.

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