Los vándalos «estrenan» las plazas

A CORUÑA

Las de Vigo, Pontevedra, Pastoriza y el Africano marcan una ruta de lugares renovados para el ocio que presentan pintadas, robos y roturas en su mobiliario

20 may 2009 . Actualizado a las 11:52 h.

Los obreros trabajan estos días en la remodelación de las plazas de la Cormelana y de Santa Catalina, las dos únicas del centro que se libran, por el momento, de pintadas y de actos vandálicos. Comenzando por la plaza de Vigo (restaurada en agosto del 2007), allí seis juegos infantiles compiten con las sombras por ser los más buscados. En una plaza con tan poco mobiliario que es difícil dañarlo, las pintadas se concentran en los asientos y la barandilla acristalada, que presenta una rotura y en cuya estructura han aparecido zonas de óxido.

Más allá de clamar contra los destrozos, los usuarios demandan elementos que permitan un mayor uso. Siguiendo en dirección al Ayuntamiento, la de Pontevedra (inaugurada en febrero) luce pintadas hasta en la escultura de la paloma pacifista, al igual que en bancos y luminarias. «Está bárbara, pero hai moitos gamberros que non respectan nada», indica María Jesús Ventureira, que estaba ayer junto a los juegos infantiles atendiendo al niño que cuida. Recuerda que «os columpios precintáronos catro veces, e a placa -que presenta una cinta de la Policía Local- é a segunda vez que a rompen, tamén escachou un balancín», apostilla, y reclama más vigilancia.

José Antonio Casais, vecino de Los Rosales, reconoce que la plaza está bien, aunque estima que «para ser emblemática quedou un pouco fría, cousas dos arquitectos modernistas», y vinculó los daños a que «hai unha cultura por destruílo todo».

En la Cormelana estaban ayer los operarios instalando los suelos de madera que se imponen ahora en la mayoría de los nuevos recintos, y en la calle que conduce desde ella a la plaza de Pastoriza la decoración a ambos lados son grafitis de cuestionable gusto en la parte inferior de los edificios y en las puertas de los garajes. En algunas zonas se nota que se optó, sin éxito, por continuos repintados. En la de Pastoriza (abierta en mayo del 2008), solo se pueden ver unas pequeñas pintadas en los bancos de piedra y pegatinas en las señales. Manuel Romero, que regenta el restaurante O Rial, situado en frente, se muestra satisfecho con el cambio. «Polas tardes veñen os chavales e agora está moi ben, o único é que tiñan que poñer os bancos máis para dentro», señala como queja.

La imagen del recinto ayer la mediodía era un tanto desoladora. Nadie para los seis bancos de piedra, dos de madera y un árbol, situado en el centro, el único signo de naturaleza si no se contabiliza la hiedra que no acaba de cubrir uno de los muros de la plaza, pintado de verde para paliar la escasa vegetación.

La plaza del Africano (reabierta en junio del 2008) es la que presenta, en estos momentos, un peor aspecto. Unas vallas extensibles impiden acercase al cristal roto en la parte alta del recinto, que da a la calle Orzán. Los residentes en la zona aseguran que lleva así «por lo menos dos semanas». Los vecinos echan en falta elementos como columpios o árboles que den sombras. Aseguran que los únicos usuarios son los perros, y los drogadictos durante el verano, además de jóvenes haciendo botellón los fines de semana.

La plaza, que según una placa se dedica a los niños de la década de los 40 y a los del 2000, en cambio no tiene esa afluencia. Desde que la reabrieron, algunos focos del suelo han sido sustraídos, la madera presenta un aspecto deteriorado y los cristales se rompen suponiendo un peligro. Frente a esta estética, vecinos y trabajadores de las inmediaciones destacan que lo mejor sería optar por una clásica barandilla para mejorar la seguridad en una plaza hundida. Puestos a aportar soluciones, creen que se debería humanizar el espacio, para hacerlo atractivo, y colocar cámaras, para retratar a los vándalos.