De la maqueta al hecho va mucho trecho

A CORUÑA

En 1999, Francisco Vázquez proclamó que su legado, a través del plan general de la época, sería «la derrota del cemento». El documento urbanístico se fijaba como objetivos la creación de zonas verdes y espacios libres para el disfrute ciudadano y la construcción de viviendas de protección oficial que servirían de reclamo -gracias a sus accesibles precios- para que los jóvenes no tuvieran que emigrar a otros concellos de la comarca. La ciudad, que entonces tenía 245.000 habitantes, rozaría los 290.000 con el desarrollo del documento urbanístico. Pero se quedó en 247.000, y continuó el éxodo a Arteixo, Cambre y Culleredo y, en menor medida, Oleiros. En aspectos básicos, el plan no tuvo el éxito esperado -aunque es cierto que sentó las bases de infraestructuras vitales como la tercera ronda o la vía Ártabra- y a su abrigo nacieron construcciones que figurarían en la antología de disparates de la arquitectura, como la obra bofilliana del puerto. Lo sucedido entonces debe hacernos mantener la perspectiva, sin perder un ápice de ilusión, sobre el proyecto Busquets, quien ha decidido aplicar el sentido común a una ciudad que, en algunas cuestiones, como el tráfico, se ha convertido en un sinsentido. De Busquets -que, por cierto, ya trabajó para Vázquez- se dice lo que se decía de Picasso: «Pero si eso lo puede dibujar mi hija de 5 años». Quizás esa sea su grandeza. Ha planificado una ciudad más vivible y más respirable, algo que Losada ha resumido en «un urbanismo para los ciudadanos». Toca ahora aplicar ese sentido común, dejar los eslóganes a un lado y alumbrar una urbe en la que todos nos sintamos más humanos. Nos va A Coruña en ello.