Botellón por partida doble

A CORUÑA

La imagen de un campus anegado por kilos de basura se hizo notar en el segundo macrobotellón del año en el Campus de Elviña. Dos semanas después de la fiesta de Informática, ayer fue el turno de la Facultad de Económicas, que adelantaba dos días la fiesta de su patrón, San Vicente Ferrer, por coincidir en domingo.

Los propios alumnos se empeñaron durante los últimos días de evitar vincularse con la última gran resaca de bolsas de plástico y botellas. Los pasillos de la facultad estaba inundado de carteles con un mensaje que invitaba al buen comportamiento en la jornada festiva: «En el patrón, por la gente que limpia, por repetir muchos años, porque los universitarios no somos unos cerdos... utiliza las papeleras». La nota, ilustrada con la imagen de un contenedor, también tenía su versión en gallego.

Y el mensaje caló. Al menos mientras alumbró la luz del día. La fiesta nocturna comenzó a primera hora de la tarde. El epicentro fue el párking de la facultad, donde se instaló una carpa para acoger un concierto en el que participaron cinco grupos locales entre las ocho de la tarde y las tres de la madrugada. Todo transcurre con tranquilidad y bajo la celosa mirada de dos guardas jurados.

En la parte más alejada al escenario, seis grandes contenedores con sello municipal son usados como parapeto para orinar. Pero las bolsas de plástico aún no han comenzado a ser abandonadas. Se multiplican los estudiantes que aguantan su vaso de plástico vacío en la mano a la espera de encontrar una papelera.

Trasladados por los padres

Dentro de la facultad, los alumnos han cambiado los libros y apuntes por copas y bolsas de plásticos de variados supermercados. Fuera, los autobuses de línea regular que desembocan en la Universidad siguen descargando jóvenes con bolsas y más bolsas. Y la imagen se repite saliendo de coches particulares conducidos por progenitores que volverán a altas horas de la madrugada a recoger a sus hijos.

A medida que avanzan las horas, el mensaje de «porque no somos unos cerdos» comienza a diluirse entre el alcohol y los decibelios del concierto, y los plásticos y botellas empiezan a ganar libertad de movimiento lejos de los contenedores. Pero, ni por asomo, puede compararse con la invasión de basura que había dejado la vergonzosa resaca de San Pepe dos semanas antes.