«No me explico cómo pudo pasar»

A CORUÑA

Con la fatídica valla tirada todavía sobre el césped, decenas de vecinos y curiosos se acercaron durante el día de ayer al lugar donde el pasado sábado perdía la vida la salmantina Isabel Herrera Rodríguez, en el paseo marítimo, a la altura de la calle Veramar. Muchos buscaban el lugar exacto que ocupaba la barandilla que se soltó y provocó la caída de la mujer a un desnivel de tres metros de altura, y que en estos momentos se encuentra vallado y rodeado de una cinta de la Policía Local.

Hubo incluso quien inspeccionó concienzudamente todos los tramos de la verja, y tiró de ella para ver si estaba segura o también tenía peligro de soltarse. «Es que soy muy curioso», confesó un joven que durante la mañana revisó la instalación, e incluso llegó a anotar varios datos en una libreta. Ya por la tarde, los coruñeses que normalmente utilizan el paseo marítimo para hacer un poco de ejercicio y caminar, se decidían a cruzar el paso de peatones y observar con detenimiento el lugar donde ocurrió la tragedia.

«Es que no me explico cómo pudo pasar», le comentaba Mariluz Ures a su amiga Leonor Mato. Ambas suelen transitar por esta zona con frecuencia, «aunque la verdad es que vamos por el otro lado, pero hoy quisimos acercarnos a ver qué había pasado. Fue una cosa increíble, porque la valla debía de estar suelta del todo, sino no se explica».

Las dos se lamentaban del triste final de Isabel Herrera, «porque es una desgracia que vengas aquí de vacaciones y te encuentres con eso. Es una auténtica desgracia», afirmaron, al mismo tiempo que dudaban de que la altura desde la que se cayó la mujer fuera tanta para que tuviera un final tan trágico. «Desde aquí arriba no parece tan alto, pero claro, si se cayó de cabeza, el golpe debió de ser tremendo», afirmaron. También se mostraron sorprendidas por el aparente buen estado que presentaba la barandilla, y que no mostraba indicios de venirse abajo.

Revisar todo

La misma impresión se llevó el matrimonio formado por Flora Couto y Manuel Louzao, otros dos asiduos a pasear por esta zona. Al igual que las anteriores, todavía no se explicaban cómo pudo suceder la tragedia, aunque apuntaban que, «a pesar de que aparentemente no tiene nada malo, hay que vigilarlo, porque estas cosas se pudren, y pasa lo que pasa», apuntaba Louzao.

Su esposa asentía al escuchar esta afirmación, y lamentaba que «la pobre mujer seguro que se apoyó sin saber que estaba mal, y fue cuando se cayó». Flora Couto también consideraba que el Ayuntamiento debería revisar todas las barandillas de este tipo que hay instaladas a lo largo del paseo marítimo, porque existen zonas donde son muy necesarias por la peligrosidad del tramo. «Estoy pensando que allí en las Lagoas, junto a la Domus, hay un desnivel enorme, y si te caes vas directamente a los coches. Cuando fue de los fuegos artificiales, había centenares de personas apoyadas en esas barandillas», recordó Couto.

Otro de los curiosos que ayer también se acercaron a este entorno justificaba que el material en el que estaba construido la valla no era el más adecuado para ello, puesto que se encontraba cerca del mar y era más fácil que se oxidara. Así, Alfonso Bouzas apostaba porque se utilizaran para las barandillas barras galvanizadas, «que no se pudren y hubieran evitado esta desgracia».

También afirmó que las instalaciones de este tipo deben de ser revisadas con frecuencia, para evitar tragedias como esta. «Nadie se espera que pase algo así, pero siempre aparecen cosas como esto, porque no se controlan, ni se hace nada. Seguro que hay más barandillas como esta por ahí», explicó Bouzas.

Los otros protagonistas de la jornada de ayer en la zona fueron los vecinos del edificio que está situado justo en frente de donde se produjo el suceso. Desde sus ventanas, muchos contemplaban ayer la ida y venida de curiosos y medios de comunicación, y lamentaban haberse convertido en coprotagonistas de una triste noticia.