Un joven herido permanece más de hora y media en una cala de Sada esperando a ser rescatado

Irene Tomé

A CORUÑA

«Todos los que nos atendieron eran muy amables, pero no había coordinación entre ellos». Lo cuenta la amiga de un joven que ayer al mediodía quedó atrapado y herido en una cala de Sada tras sufrir una caída. Durante dos horas, David Castro, roto por el dolor, siguió sin perder detalle junto a la chica que lo acompañaba el operativo de rescate. Muerto de frío, sobre las rocas, incrédulo a lo que ocurría a su alrededor, presenció como los rescatadores discutían sobre la mejor manera de evacuarlo. «Protección Civil quería subirle en una camilla, pero no eran capaces. Cuando llegaron los bomberos para valorar la situación, dijeron lo que todos ya sabíamos: que había que evacuarlo por mar», razona su amiga.

Ocurrió sobre la una y media de la tarde, en la cala de Arnela. Y David Castro nunca olvidará el día que quiso conocerla. Visitarla es un deporte de aventura. Para bajar a la arena hay que descender por un acantilado agarrado a una cuerda. Esos accesos tan escarpados, unido al hecho de que su calzado no era el más recomendable para tal arriesgada excursión, le jugaron una mala pasada.

David Castro, vecino de Pontedeume, había acudido hasta Sada a visitar a una amiga, quien le propuso recorrer los alrededores de la zona hasta terminar en el mirador de San Mamede. En medio de la travesía, los chicos decidieron descender hasta la cala. «David llevaba puestas unas zapatillas con la suela muy resbaladiza -explicaba su amiga- y, si a eso se le suma que el suelo estaba algo húmedo y lleno de hojas, es lógico que cayera».

El accidente le causó una luxación del hombro izquierdo que lo mantuvo inmóvil. Su amiga llamó al 112 y ahí comenzó la dilatada operación de rescate. «Primero llegó Protección Civil y la Guardia Civil, y después los bomberos», comenta su amiga Noelia González en la sala de espera del Hospital A Coruña.

No es la única persona a la que el tiempo de actuación le pareció larguísimo. Alejandro Morales es el jefe del Servicio de Emergencias Municipales, y solo tardó cuatro minutos en desplazarse hasta la cala. En cuanto valoró la situación del herido, llegó al diagnóstico. Era totalmente imposible subirlo por la pendiente de 40 grados.

Los servicios de emergencia coincidían en que esperar era «ilógico», no obstante, así lo exigía el protocolo. Morales opina que, con las infraestructuras que cuenta el Ayuntamiento, un retraso tal es «inverosímil». Y no es la primera vez que ocurre, por lo que esa misma tarde decidió remitir a la subdirección de Protección Civil la actuación de los equipos para que se busque una solución.

David Castro ladeaba la cabeza mientras lamentaba cómo había podido llegar a tener ese accidente «tan tonto». Sentado en una silla de ruedas, en la sala de espera, aguardaba su turno con la mano en el hombro. Le dolía mucho. «Te quedaste colgando, pero te podrías haber matado», le recordaba con una sonrisa Noelia. Al fin y al cabo, todo quedó en un buen susto.