El levantamiento de varios trasmallos ilegales este verano ha permitido doblar las capturas en el coto betanceiro
14 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El Mandeo vuelve a escupir reos a buen ritmo. La temporada de pesca, cerrada a finales de septiembre, no ha sido precisamente mala. Los cuidados llevados a cabo por la sociedad que gestiona el coto han dado sus frutos. Pero no ha bastado el trabajo in situ, sino que, este verano, ha pesado la labor de vigilancia y denuncia de prácticas ilegales en la ría de Betanzos.
Porque los trasmallos irregularmente colocados en el litoral de Sada, Miño y Pontedeume siguen siendo la trampa más común que impide al reo y al salmón regresar al agua dulce. El trasmallo, una de las artes menos selectivas de pesca, es un conjunto de redes que la ley obliga a colocar a cien metros de la costa (en las rías) y en sentido paralelo a esta.
No obstante, muchos pescadores particulares, sabedores de que junto al litoral se produce la mayor circulación de reos, sitúan las redes pegadas a la costa y de forma perpendicular, con lo que la numerosa fauna marina queda atrapada. Pero este verano, tres visitas de los guardacostas a la ría de Betanzos, a petición de la sociedad del Mandeo, han obrado el milagro. El desmantelamiento de varios trasmallos (especialmente los ubicados entre Gandarío y Miño) ha permitido que los pescadores del Mandeo pudieran duplicar la captura en solo un año (105 en el 2007 por 237 en este ejercicio). «Los cinco salmones que se guiaron esta temporada estaban marcados por el trasmallo y muchos reos también», señala Miguel Ángel González, presidente de la Sociedad Mandeo. «Sabemos que hay lanchas que salen todos los días en distintas direcciones para situar trasmallos en cualquier lugar -añade Miguel-, la ley obliga a recogerlas de noche, pero esta gente la deja varios días y acaban pillando de todo». «Lo único que queremos es que se aplique la ley. Algunos de ellos, en privado, reconocen que están esquilmando todo, aunque luego llega el razonamiento de «Ah! Pero si no lo cojo yo, lo va a coger otro».
Confiscación
Más que las multas, a estos furtivos les hace especial daño la confiscación de los trasmallos. La sanción podría alcanzar los mil euros, pero cada una de estas redes asciende a 300 euros y, generalmente, llevan más de diez por embarcación: una visita de los guardacostas supone una pérdida de medio millón de las antiguas pesetas.
«Cada vez que vienen los guardacostas y quitan las redes son quince días de paz para la ría, porque entre que los furtivos cogen miedo y se hacen con nuevos trasmallos pasan casi dos semanas que otorgan vía libre a los reos hacia el Mandeo», concluye Miguel.