El Unión Campestre cumple un siglo

Carlos Fernández

A CORUÑA

La entidad de Montrove nació en 1908 de los enfrentamientos entre los jóvenes de la localidad y los marineros de los barcos ingleses que llegaban a la bahía coruñesa

20 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

De una manera modesta y callada, el Unión Campestre de Montrove, uno de los clubes modestos de fútbol más antiguos de Galicia, ha cumplido cien años. Todo comenzó en la playa de Bastiagueiro, donde los jóvenes de la localidad se enfrentaban con los marineros ingleses de los barcos que, al servicio de la compañía de las minas de Río Tinto, fondeaban en la bahía coruñesa. Dos de esos muchachos llevaron a cabo la idea de fundar un club, y así, bajo la tutela de Fernando Suárez y José Fraga nació, en 1908, la Unión Campestre Fútbol Club.

Según un interesante reportaje publicado hace años por la periodista Lis Franco, el nombre de Unión era un reflejo del United británico, el de Campestre tenía relación con la sociedad campesina inglesa y las siglas F.?C. ( Football Club ) eran las propias de los clubes de las islas.

En 1932 se creó el Campeonato de las Aldeas, que comprendía a las de As Mariñas. El Campestre fue campeón en 1935, con un equipo formado por Cecilio, Laberco, Ferreiro, Martiño, Castro, Pepe Ferreiro, Liló, Illobre, Pita, Castro II y Taboada.

Tras la Guerra Civil, el Campestre se inscribió en la Federación Gallega para participar en la primera liga de As Mariñas. Era entonces presidente Juan González Parada. Entre sus galardones destacan el subcampeonato de Primera en la temporada 42-43 (con jugadores como Castro, Cubano, Rivera, Raúl, Fernando, Gabriel, Emilio o Cheché); el campeonato de Segunda en la 65-66 y 72-73; y el subcampeonato en la 71-72. En 1946 llegó a las semifinales de la Copa de A Coruña, y varias veces quedó finalista del Trofeo de Oleiros.

Cuando desapareció la liga de As Mariñas, el Unión Campestre participó en la Segunda Regional, descendiendo a Tercera en 1983, quedando subcampeón en los años 91, 92 y 94. En el 2000 celebró una exposición conmemorativa con gran éxito. Ese año vio la luz, fundada por Juan Maceiras, la escuela de fútbol San Pelayo, a la que concurren niños de entre 6 y 15 años de edad.

A comienzos del siglo XXI era presidente Antonio Lagares, que ya pertenecía a la directiva. En la última liga, quedó en el último lugar de su grupo, en Tercera. En varios partidos, no tuvo jugadores en el banquillo, pero siguió y seguirá participando en las competiciones con el mayor entusiasmo y deportividad. Sigue el lema olímpico del barón de Coubertin: «Lo importante no es ganar, sino participar».

Jugar por afición

En las categorías como las que milita el Campestre se juega por afición, con unos vestuarios mayormente deficientes; con pocos espectadores, limitándose a menudo a familiares y amigos de los jugadores; con unos terrenos de juego con baches, calvas y barro, donde la hierba está sustituida a veces por una arena que quema la piel en las caídas; donde los árbitros hacen prácticas de sus conocimientos, a cambio de arriesgar su integridad física si las decisiones enojan al equipo local; donde la asistencia médica suele ser precaria; donde se pierden futuros buenos jugadores por la falta de un ojeador que los descubra, o algún periodista que les dedique una frase elogiosa. Este batallón de héroes anónimos que cada fin de semana salta a los terrenos de juego son el otro fútbol, radicalmente distinto del profesional, pero no menos meritorio que él.