Doce municipios de la comarca desarrollan más de una veintena de fórmulas para disfrutar de una buena fiesta con las especies autóctonas de cada lugar
24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La empanada (en A Coruña, Carral y Bergondo), el queso del país (en Curtis, Carral y Abegondo) y las setas (en Cambre y Curtis) son los grandes protagonistas de las fiestas gastronómicas que doce de los 22 municipios de la comarca coruñesa ofertan a todos los que se acercan por sus contornos.
Pero la gastronomía local tiene para mucho más. La tortilla de Betanzos emerge con fuerza para competir al pie del Mandeo con su vino, que año tras año demanda la consecución de su particular denominación de origen para conseguir respeto y proyección en el mercado vinícola.
También está la sorprendente cebolla chata de Miño, que cumple siete años promocionando sus bondades. O las cerezas de la romería de San Marcos, en Abegondo, donde lucen con orgullo sus mejores cosechas los productores de la zona y muchos otros venidos del resto de Galicia e incluso del Bierzo. Y las nabizas de Curtis, que cada 7 de diciembre intentan ganar terreno ante el empuje de los tradicionales grelos de Monfero en la lucha por la primacía de los platos típicos del invierno en la comunidad gallega.
La trucha tiene asimismo su espacio cuando se habla de fiestas de promoción gastronómica. Sobrado dos Monxes, en cuyos montes nace el Mandeo, el río más caudaloso y productivo -minicentrales aparte- de la comarca, surte con más de cuatrocientos kilos de este pez los animados mostradores de los stands colocados al pie del viejo monasterio cisterciense que da apellido a este municipio y que reúne a cientos de personas venidas de toda España, que aprovechan su veraneo en la zona para degustar el apreciado pescado, cocinado de forma mayoritaria en su modalidad montañera.
También el carnaval tiene su particular hueco en el recorrido gastronómico por la comarca. Cuando el calendario se detiene en esas fechas que en la Edad Media estaban marcadas por la abstinencia -salvo previo pago por la correspondiente bula papal-, A Coruña gana protagonismo. Su concurso de la filloa lleva más de dos décadas haciendo defensa de un producto que los franceses han internacionalizado, con pequeñas diferencias, con el sonoro nombre de crep.
La orella , otro postre típico de las fechas dominadas por los disfraces, tiene su espacio propio en la programación municipal coruñesa. Y en Bergondo la masa de la oreja sirve para elegir la más sabrosa, aunque prefieren hacerlo a toro pasado, el primer sábado después de los carnavales y se creó para recuperar la tradición de esas fechas en el municipio.
Acto señero
Quizá la fiesta más señera de cuantas se desarrollan en la comarca coruñesa sea la del mejillón de Lorbé, en Oleiros, que se celebra en la primera quincena de agosto, coincidiendo con las fiestas de la localidad. La actividad se inició en 1976, cuando el hundimiento del Urquiola colapsó la principal actividad industrial de la zona, relacionada con el bivalvo.
Las ventas cayeron en picado y los productores optaron por regalarlos para promocionar su producto. En la actualidad, se prepara de más de treinta formas diferentes y son miles las personas que se acercan a disfrutar de su fiesta en uno de los actos más concurridos del verano en la comarca.
En público solo rivalizan con Lorbé las fiestas de la empanada y el pan de Carral, donde la mezcla de harina, levadura y agua, enriquecida con todo tipo de alimentos, se convierte en arte cada año, tanto por la creación de nuevos sabores como por los diseños que se hornean con las formas más variopintas antes de llegar al plato.