Los reyes del río

En el caso de los Arcay, «la astilla se convirtió en palo», tal y como confirma el cabeza de familia. Él enseñó a pescar a su hijo, que ahora es su maestro


«La cosa viene de lejos. Ya mi padre era muy aficionado y me enseñó a mí a pescar. Y yo contagié mi pasión a mi mujer y, por supuesto, a mis hijos», cuenta José Arcay, un coruñés que habla con tal convencimiento sobre su afición que termina metiéndole al interlocutor unas ganas terribles de coger una caña y echarse al río a probar suerte. No es de extrañar, por tanto, que sus vástagos heredasen el gusto por el sedal. Y hasta qué punto.

Su hijo David tiene un currículo deportivo exagerado para alguien que está cursando primero de bachillerato. Dentro de su especialidad, la pesca de salmónidos a mosca con cola de rata y en su categoría juvenil, en su corta carrera ha conseguido ser campeón de España individual en el 2005 y subcampeón en el 2006 y 2007; campeón por equipos en el 2005 y el 2007 y subcampeón en el año intermedio; noveno en el ránking mundial en el campeonato celebrado en Pensilvania el año pasado... «Ya con 14 años quedó de número 23 del mundo en Chequia. Y con 12 fue seleccionado para un mundial, el más joven de España», recuerda su madre, Marga, otra fanática de la pesca, «como mi hija, Margarita. A todos nos metió el gusanillo José». Los trofeos antes citados son solo un ejemplo de los que David ha conseguido y seguirá consiguiendo: «En agosto tengo el campeonato mundial en Portugal. Es para lo que me estoy entrenando ahora», cuenta el joven deportista.

El secreto de tanto éxito lo explica el propio David: «Puede decirse que es un 70% habilidad y un 30% de suerte. Pero como te falle ese 30, ya puedes partirte los cuernos para conseguir una buena pieza. Aunque la suerte hay que buscarla», sentencia. El otro 70% David lo tiene asegurado. Empezó a ir de pesca con su padre con tan solo cuatro años: «Le tenía una manía terrible a Santiago Pemán, el hombre del tiempo de la TVG, porque decía que iba a llover, cancelábamos la salida y, si al día siguiente hacía buen día, se enfurecía», cuenta su padre.

Deporte y ecología

David es todo un deportista de élite -de hecho han solicitado que le sea reconocida esta categoría-, pero la pesca es una disciplina que se practica buscando un rédito estrictamente personal: «Tiene tantos gastos como satisfacciones», afirma José. A esto hay que sumar aquello de que nadie es profeta en su tierra: el patrocinador de David es madrileño.

Esta familia lleva el río en sus venas. Cuidan su entorno de pesca como si fuese una extensión de sus propios cuerpos. «Los pescadores somos, la mayoría al menos, los que más hacemos por la conservación de la naturaleza. ¡Lo que queremos es tener peces, no que desaparezcan! Pero, desgraciadamente, a veces hay un Prestige en cada río», denuncia el padre. La filosofía es la siguiente: «No dejar ni llevarse nada». Por eso practican la pesca sin muerte: «Soltamos al pez y, en ocasiones, te lo vuelves a encontrar al día siguiente», asegura José.

El padre se muestra orgulloso, al fin y al cabo, él es el culpable de que a David le gustase esto de la pesca: «Pero ahora estoy totalmente relegado. La astilla ha pasado a ser palo, y es David el que nos enseña a pescar con cola de rata», afirma satisfecho mientras planea el próximo viaje a Portugal.

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