«Sí, ese es el que me atracó»

A CORUÑA

El taxista que sufrió un intento de robo coincidió con el supuesto autor en los juzgados de Betanzos

01 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La primera vez que se vieron fue en la madrugada del sábado. Poco antes de la una Miguel Ángel P.?P. se subió a un taxi en la calle Tornos y le pidió a su dueño que lo llevara a Cortiñán. Allí, en una pista sin salida, lo asaltó con un cuchillo. El taxista le convenció para que no lo metiera en el maletero y se ofreció a llevarlo a donde quisiera; cuando volvían a A Coruña pasaron ante un control de la Guardia Civil de Tráfico y el taxista paró el vehículo e informó a los agentes de que lo estaban atracando. Aunque en un principio escapó, una patrulla de la Policía Local de Betanzos acabó deteniendo al autor del robo y al día siguiente el juez lo envió a prisión.

En la mañana de ayer, taxista y atracador, estaban citados en los juzgados de Betanzos. El acusado llegó desde la prisión de Teixeiro y accedió al despacho del juez a través de una sala de vistas. Allí se enteró de que el fiscal le pide cinco años de prisión por un delito de robo con violencia. La vista oral quedó fijada para el día 12 de mayo.

Por otra puerta, y en otro momento, entró el taxista a prestar declaración ante el juez. Al salir se sentó en el pasillo a la espera de un último trámite. Agradeció la atención pero este profesional que empezó a trabajar en 1975 no quiere ni siquiera que se conozca su nombre. Persona de pocas palabras, intercambia algunos comentarios con el empleado que trabaja con su taxi.

Al saber que el hombre que lo asaltó se encontraba en los juzgados hizo un vivo gesto de intentar verlo, pero su compañero le convenció de que no era una buena idea: «No puedes entrar ahí, está con la Guardia Civil; tranquilo».

Una pistola en la cabeza

Y tranquilo sí que estaba este taxista que, tras indicar que le quedan diez años para jubilarse, explicaba que este es el segundo atraco que sufre en su vida: «Me atracaron otra vez, el 28 de marzo de 1990», recuerda con prontitud. Aquel día un tipo, del que después supo que se apellida Trillo, se subió al taxi y le dijo que lo llevara a Vimianzo. «Allí me metió por el medio del monte, sacó una pistola me la puso en la cabeza y me dijo que era del Grapo y tenía que matarme», relata con viveza.

«No tenía porque armar la pistola pero lo hizo; acabé llorando porque pensé que me mataba». Sorprendentemente lo acabó soltando «y al día siguiente fui con la Policía Local de Carballo a buscarlo, porque andaba haciendo lo mismo por allí». Lo cogieron «y le metieron seis años, pero cuando lo dejaron salir se fugó y ya no volvió», concluyó el relato, justo en el momento en que su último asaltante salía del despacho del juez.

«Sí, ese es el que me atracó», musitó poniéndose de pie. Los dos agentes que le custodiaban se detuvieron para que hablara con sus padres; la madre, llorosa, le comentó algo sobre «las medicinas que estás tomando». El detenido pidió el contrato del teléfono «para que pueda llamaros» y dinero para tabaco. «Mira, tu padre dejó de fumar, así que a ver si tu dejas ahora el tabaco», murmuró la madre mientras le decía adiós.