«Non vou cambiar polo que pasou»

A CORUÑA

Balbino Gerardo regresó a su trabajo de taxista 36 horas después de sufrir un intento de estrangulamiento. Hizo la misma jornada que el día en que fue agredido

18 abr 2008 . Actualizado a las 11:39 h.

Balbino Gerardo bajaba apresurado por la calle de la Sagrada Familia. Llegaba con retraso a su cita diaria con José López, el propietario del taxi 617. «Díxome que quería traballar xa, que se encontraba ben». Balbino pide disculpas por su impuntualidad. Cinco minutos sobre el horario previsto. «Non vou cambiar polo que pasou. A miña vida segue como a que tiña antes».

Hace 36 horas, Balbino se encontraba sin sentido en una carretera de Arteixo. Un hombre intentó estrangularlo: «É unha opinión persoal, pero creo que non foi cunha corda. Era unha cinta dunha persiana ou un cinto estreito, pero non de coiro», matiza con precisión.

Sin apenas preguntarle, recuerda lo ocurrido de carrerilla. «A viaxe foi normal. Pregunteille se quería ir pola avenida de Arteixo ou por otro lado. Pareceulle ben a proposta e cando chegamos ao Quinto Pino, ao parar boutoume algo o pescozo e perdín o coñecemento en poucos segundos». Durante el relato, Balbino recibe una llamada telefónica. Un tema doméstico. Vuelve a disculparse.

«Cando recuperei o sentido pensei que era un mal sono». Balbino se encontraba desorientado. «Boteime as mans o pescozo, como queréndome desfacer de algo. Logo dinme conta de que estaba só». Dice que no sabía si el coche estaba apagado o encendido. Abrió la puerta y salió al exterior. Le faltaba el aire. «Souben onde estaba e encendí o coche». Regresó al garaje donde se cita diariamente con José. Un amigo suyo llamó a la policía y el acabó en la unidad de observación del Hospital Juan Canalejo durante más de diez horas.

Segundo incidente

«É a segunda vez que teño un intento de atraco, pero desta forma non. A outra foi hai moitos anos. Sacáromenme un coitelo e roubáronme a recadación, pero non foi como isto», explica Balbino, que con las prisas se ha olvidado las gafas. Tiene que volver a casa. La edad no perdona.

Este taxista ha superado en horas un duro trago psicológico. Las secuelas físicas son escasas. «Non podo afeitarme», afirma mientras se señala una amplia zona rojiza en su cuello. «Non teño medo, porque morrer, podemos morrer todos. Ou non morren os condutores, os que levan un tractor, os periodistas», afirma. Ajusta el asiento del conductor. Él ocupa más que su compañero. Mira la posición del espejo y comprueba que todo está en su sitio. Le espera una dura jornada. Hasta las tres o las cuatro de la mañana, como el día en el que cogió al último viajero del día en una parada de la calle Divina Pastora.

Balbino vuelve a recibir otra llamada: «Xa me funciona o móbil, o tiña estropeado». José López hizo de secretaria particular después del suceso. «Foron moitísimas ao longo de todo o día». Ayer Balbino ya estaba operativo para sus amigos. También para los clientes. «Se me coincide volvo por Divina Pastora. A vida é así», decía haciendo un gesto resignado con la cabeza. Ayer tenía prisa. Se ha convertido en un taxista mediático.