Un local comercial, sito en el número 2-4 de la calle Mariana Pineda, y un piso del número 103 de la Ronda de Outeiro (ubicado justo encima de aquel, en la zona de la estación de tren), han visto como la pared que los delimitada del número 6 de la calle Mariana Pineda se venía abajo en la mañana de ayer. Debido a ello, tanto el local como la vivienda quedaban totalmente al descubierto con cuantiosos daños materiales.
El suceso ocurrió sobre las nueve de la mañana, cuando los responsables del derribo del inmueble del número 6 se disponían a tirar abajo la medianera que durante estos años separaba el inmueble afectado. La mencionada medianera llegaba hasta el tercer piso y para su derrumbe emplearon una pala excavadora. La sorpresa llegó cuando, tras ella, tanto en el bajo comercial como en el primer piso no existía una segunda pared. Algo con lo que sí contaban en los pisos segundo y tercero.
El dueño del negocio del bajo, dedicado a la fotografía y el vídeo, no quiso manifestarse sobre lo ocurrido. Sí lo hizo Germán Rodríguez, propietario del piso afectado, que recordaba que ya se le había advertido a la promotora del riesgo: «Hace más de dos meses que se iniciaron las obras. Le enseñamos la documentación y les explicamos que no podían continuar, pero no nos hicieron ni caso».
Según Rodríguez, la medianera pertenecía al inmueble afectado, debido a un acuerdo realizado en el momento de su construcción. Por ello, algunos pisos la usaron directamente como tabique. «Hubo gente que levantó pared-confirma-, pero otros se apoyaron directamente sobre ella porque es nuestra».
El aparejador de la obra, Ramón Baladrón, explica cómo sucedió el hecho, que según él les cogió totalmente desprevenidos: «El muro se fue abajo. Lo que menos pensábamos es que no hubiera paredes, como ocurre en los pisos de arriba. Nos hemos encontrado con eso». Pese al desolador aspecto que presentaba el corte lateral del edifico afectado, Baladrón, relativizaba el daño: «No tiene más importancia que eso. De hecho los técnicos municipales estuvieron unos minutos, nos mandaron cerrar todo y, al ver que no había peligro, se fueron».
Medios excesivos
Pese a todo, algunos vecinos consideran que los medios empleados para el derribo son totalmente desproporcionados. «Los comentarios de la gente son dignos de ser escuchados, pero no deben ser tenidos en cuenta», decía ante ello el aparejador. Por su parte Germán Rodríguez explicaba su punto de vista sobre lo ocurrido: «Un tabique como ese, que tiene un grosor de unos 50 centímetros y que se debe tirar con mucho cuidado, se lo ha cargado con una pala que mueve rocas de una tonelada. No han tirado la casa de auténtico milagro».
Eduardo Quiñoa, que vive en el tercero, no sufrió daños en esta ocasión, pero sí en el pasado cuando empezaron los derribos, en el mes de noviembre: «Una vez echaron abajo una lámpara en mi casa de 40.000 pesetas, pero vamos a ver qué pasa ahora si nos salen grietas en la pared».
Otros daños
Además de los desperfectos, el propietario del primer piso aludía al riesgo de inundaciones en el sótano del inmueble, también de su propiedad: «Ahora va haber inundaciones constantes y, sumado con la paralización de la obra, va a darse una auténtica riada cada vez que llueva». Esta situación también le reporta perjuicio económico: «En este momento no vivo en él, pero tenía pensado entrar dentro de un mes, y ahora no puedo entrar. Habrá que pedir el lucro cesante».